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jueves, 22 de febrero de 2024

Villanueva de Ávila (13-02-2024)

 

Me había hablado mi hermano varias veces de ir a Villanueva de Ávila, que había varias cascadas, pero yo que ya había estado, pensaba que era sólo una que casi se ve desde la carretera.
Después de unos días de lluvia podía ser un sitio intersante para visitar, y me parecía un poco injusto que el no pudiera verlas, así que lo monté en el coche y le dije "tú te vienes", y andas lo que puedas, pero que por lo menos puedas ver una de ellas y respires un poco de aire.

Así que allí llegamos. El primer objetivo era la Cascada de las Tórdigas. Como la ruta señalizada, que empezaba en el pueblo, cruzaba la carretera un poco más adelante, yo hice el recorrido entero, y mi hermano solo ese trocito escaso desde el despoblado de Las Tórdigas, ya que con su cansancio no puede mucho más.

Sali del pueblo por el Tanatorio y el cementerio, por un camino interesante que te va mostrando toda la sierra de La Paramera, con su culmen, el Pico Zapatero, y todo el Valle de Iruelas hasta el embalse del Burguillo.







La ruta está muy bien señalizada con palos y es imposible perderse. Ante un cruce o bifurcación, siempre hay un palo antes del mismo, y uno al comienzo del camino por el que hay que seguir.

Empecé a descender y pronto alcancé la carretera. Allí recogí a mi hermano, entramos en el despoblado de Las Tórdigas, donde apenas había una persona trabajando en su finca, y en vez de seguir la ruta,
giramos a mano izquierda en la calle más destacada del despoblado.







Vamos hasta el final y donde está la última caseta de piedra empiezan las alternativas para buscar las dos cascadas.
He de decir que la que merece, y mucho la pena, es la de abajo.
Nosotros avanzamos en línea recta pasada esta caseta y pasados unos 100 metros o algo más bajé yo a explorar a mano derecha.




Efectivamente por ahí se bajaba a la cascada de arriba, pero no es sencillo, o más que sencillo no es un sendero amable.
Un poco de desnivel, algo de zarzas, y cuando llegas abajo, bastante barro y dificultades para encontrar un sitio firme para fotografiar este rincón.





Recogí a mi hermano y comimos algo en una piedra junto al arroyo de fácil acceso, y después busqué la fórmula para llegar hasta la otra cascada, que al principio no sabíamos si había otra, si estaba más arriba o si estaba más abajo, y que fuera posible para mi hermano también.

Haciendo un poco de campo a través conseguimos llegar hasta la misma, y es un punto espectacular. De las mejores que recuerdo sin duda de la provincia de Ávila, con diferencia, e incluso las fotos no hacen justicia a lo que impresiona estar allí solo delante de ella, sin ningún ruido que moleste e interrumpa el del agua precipitándose desde bastante altura.















Para volver al despoblado de Las Tórdigas nos resultó algo más sencillo, y además tuvimos otra visión de la primera cascada, y aquí, mi hermano se volvió al coche para regresar al pueblo, y esperarme allí que yo realizara el resto de la ruta.





Retomé la senda balizada y empecé a descender a mi encuentro con el río Alberche. Allí transité durante algo más de un kilómetro seguramente, por un paseo de ribera muy agradable, en absoluta tranquilidad y soledad. Primero llegamos a un desvío de caminos, donde hay que tomar el de la izquierda ascendente, hasta que llegué a una pista asfaltada, sin absolutamente nada de tráfico, que une Villanueva de Ávila con el Barrio del Morisco.







Fui remontando la carretera, y en su mano izquierda me encontré una agradable fuente para beber y hacer una mínima pausa para afrontar el tramo de ascenso que todavía me quedaba y aproximadamente un kilómetro y medio hasta el coche.







Finalmente llegué al pueblo y al coche donde me estaba esperando mi hermano. Ni siquiera este tramo de asfalto le restó atractivo a la ruta.

Pero había más cascadas, una aparentemente llamada Cascada del Amor, con ese nombre tenía que ser bonita por lo menos.
Nos habíamos comido buena parte del día y para llegar a esta cascada había que andar unos siete kilómetros más o menos, y no quedando mucha luz de día, mi hermano tuvo que renunciar a hacerla.
Así que seguí las instrucciones y me dejó mi hermano al comienzo de la ruta, en la otra acera de un parking de caravanas que tiene el pueblo saliendo del pueblo dirección al puerto de Mijares.

Enseguida encontramos también los postes de señalización pertinentes que evitan que nos perdamos.
Se empieza pronto a descender entre vegetación, y un jabalí que me crucé casi en el camino y entramos en una garganta que no es en la que está la cascada. Tanto ésta como la de Las Tórdigas están marcadas en Google Maps y se puede ver el trayecto y donde están.






Llegando a la parte baje de esta garganta hay una casa de labor y un coche que se marchaba, así que hay por lo menos otro camino para llegar hasta allí.
Entramos en una zona un poco delicada, supongo que por las circunstancias, no creo que siempre sea así, y es que durante un tramo, el camino está inundado por agua que baja de la ladera, y es imposible no mojarse o marcharse.
Cruzamos el primer arroyo por una hilera de piedras habilitada, y seguimos por el camino que sale de frente, también inundado todavía. Estamos ya en la segunda garganta, que tampoco es en la que está nuestra cascada.




Seguimos avanzando por la ribera de este segundo arroyo, en un paraje muy agradable, silencioso y cubierto de vegetación. Los kilómetros van pasando y se empieza a hacer largo, es la segunda ruta del día, además que dentro de la garganta la luz no llega tanto y me empiezan a entrar dudas si llegaré con luz de sobra a la cascada.







Desde luego si vais mirando el Google Maps os podéis llegar a desanimar por la sensación de que parece que os vais alejando más que acercando de la cascada, o que vais en dirección contraria a la que deberíais, pero no os preocupéis, ese es el camino.

Empezamos un tramo de subida que nos va alejando del arroyo, y llegamos a una intersección, en la cual, evidentemente, tenemos que girar a nuestra izquierda. Ese camino ya nos llevará sin reparo a la siguiente garganta, y tras pasar por el mirador de Fausto Floro, un curioso sitio en medio de la nada, se nota claramente que nos estamos acercando a nuestro destino, con la garganta y el cauce de agua a nuestra derecha bien visible.






Hay algún hito de piedra en esta zona para evitar perdernos, pero creo que aún sin ellos no hay posibilidad de ello.
Cuando giramos a nuestra derecha en busca de nuestro destino, todavía estamos altos, así hay que hacer un pequeño descenso pero con buen desnivel para llegar a la cascada.




En un principio parece que es difícil llegar a la base, pero luego no hay problema en ello, eso sí, con solo un trozo de piedra o lancha, no la más firme del mundo, para contemplar en todo su esplendor el salto de agua.
Otro sitio que con una foto no muestra toda la belleza y armonía que te producirá el contemplarlo en persona, allí solo, en medio de la nada.





Me volví rápido para el coche. Se deshace el camino hasta la intersección que tomamos a la izquierda, y aquí, evidentemente no hay que desandar el camino hecho, porque sería una buena paliza, y porque hay postes para indicarnos el camino para llegar al pueblo y hacer la ruta circular, con la pequeña desviación a esta bonita cascada.

Cruzamos un pequeño puente que aquí si que hay para salvar el arroyo que antes habíamos ido recorriendo de manera paralela y que parecía difícil de cruzar y cuesta arriba llegamos a otra especie de despoblado, hay varios por la zona.

Nada más pasarlo y tras coronar un altiplano, ya avistamos el pueblo. 




Así que hago el último tramo por la propia carretera, para llegar cuanto antes donde estaba mi hermano, que allí esperaba pacientemente la vuelta de mi aventura.





Intentamos completar el día con la tercera cascada de la zona, que yo ya conocía, la Cascada de Cerradón, que está en la carretera que un poco más adelante sale a mano derecha en dirección a Navarrevisca y Serranillos.

Ésta está bastante cerca y podía ser viable para mi hermano. Lo intentamos, pero el atardecer ya estaba dando paso a la oscuridad y tuvimos que desistir. Quedando pues para otro día con la vecina Chorrera del Orco en Serranillos, y alguna otra cosa que visitar por la zona.

Villanueva de Ávila, un sitio muy recomendable.

jueves, 16 de marzo de 2023

Valle del río Riato (13-03-2023)

 

Encontré esta ruta de casualidad rebuscando mucho por internet y me pareció un sitio 
muy poco conocido e interesante para visitar.

La verdad es que la Sierra del Rincón, además de ser reserva de la biosfera, es uno de los
sitios más recónditos y más inalterados que quedan en la Comunidad de Madrid y es una maravilla
dar un paseo por alguno de sus senderos.

La ruta a priori no tenía ningún elemento excepcional, en forma de cascada, puente antiguo, árbol
singular, piedra singular ... pero su ubicación es su mayor valor.

Hay que ir hasta Robledillo de la Jara y desde allí coger la carretera que va a Puebla de la Sierra.
En el kilómetro 6,5 de esta carretera, en una curva sobre el pequeño río, con una fuente y el sitio 
justo para dejar un coche, aparcamos.






La ruta sale 30 metros más adelante a mano izquierda en una pista ancha, con bastante desnivel al principio.
Allí había un pobre perro abandonado o perdido, que nos siguió durante los casi 12 kilómetros de la ruta.





Digamos que la ruta se puede dividir en tres tramos, el tramo de subida, con tramos de más o menos desnivel, pero bastante llevadero, con algunas zetas y sin ninguna pérdida, hasta llegar a una bifurcación, donde hay un hito de piedras, y hay que coger el sendero de la izquierda, que enseguida desemboca en un camino muy ancho, en el que giramos a la izquierda para empezar a bajar.











Aquí si en vez de girar a mano izquierda, lo hacemos a la derecha y luego rápidamente a la izquierda,
parece ser que hay un fuente, por si se va escaso de agua y hace mucho calor, o simplemente os gusta 
ver todas las fuentes que haya en la zona.

A esa altura estamos muy cerca de Peña La Cabra, una zona en la que estuvimos hace 3 años, y que es muy interesante también.
La primera parte del descenso es muy suave, hemos ascendido unos 400 metros, hasta los 1450 aproximadamente, y apenas se desciende la mitad durante todo el tramo que recorremos este camino, ahora al otro lado del río Riato y contemplando las formaciones rocosas del otro lado, bastante impactantes.










Seguimos por el camino hasta casi el final del recorrido, momento en el que nos encontramos un amplio
cortafuegos a mano izquierda por el que descenderemos hasta la carretera a escasos metros de donde aparcamos el coche.
Tiene bastante desnivel y los cuadríceps se resienten, pero quitando la fuerte pendiente, no tiene dificultad.










Llegamos al coche y nos comimos un bocadillo reconstituyente, y le di de comer al perrillo que nos había acompañado durante los 12 kilómetros, pero me dio mucha pena que el pobre estuviera allí abandonado.




Los datos del Garmin