Mostrando entradas con la etiqueta Valladolid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Valladolid. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de marzo de 2019

Ruta de los Pescadores (Cuéllar)



Después de casi 30 días sin llover en muchos puntos de España tuvo que coincidir el día que elegimos para nuestra siguiente ruta con un día medio de perros, pero bueno, eso no iba a tirar al traste nuestros planes. 

El destino estaba en Cuéllar y al ser los días un poco más largos intenté añadir algo más a la ruta, mezclar naturaleza con algún pueblo y un poco de cultura. 

Así que salimos por la A-6 hasta Arévalo, donde un poco antes paramos en el Area 114, un sitio super agradable donde tomar un café y descansar después de un buen rato de conducción. 

Nos adentramos en Arévalo, donde a pesar de tener raíces en Ávila por mis padres, no recuerdaba haber estado y me pareció un sitio fantástico. 
Con hasta tres plazas muy bonitas, un gran castillo (de valoración 3 sobre 5 diría yo) aunque esté restaurado emplazado en un buen lugar, un puente diferente de estilo mudéjar, un arco y alguna iglesia también con el mudéjar como estilo arquitectónico predominante. 









Como de camino hacia la ruta no costaba nada pasar por Coca, hacia allá que fuimos. 
Aunque en esos momentos se recrudecía el clima y nos mojamos, había que admirar su colosal castillo, que podría ser de 4 o 5, también de estilo mudéjar y de gran parecido al Castillo de la Mota de Medina del Campo, aunque en mi opinión mejor situado, en un lateral del pueblo, junto a un pinar. 

Luego subimos al trozo de muralla que queda en pie, donde a un lado hay un pequeño busto de Teodosio, natural de la Cauca romana, y al otro un par de berracos en no muy buen estado. La misma visita que realicé unos 13 años atrás por la zona. 







Pusimos rumbo hacia Cuéllar, con las condiciones empeorando por momentos, lluvia, viento, bajada de temperaturas ... 
Atravesamos los primeros tramos de pinar y llegamos a Cuéllar para sin parar acercarnos hasta la ruta que queríamos hacer. 

La Ruta de los Pescadores, cuya salida, a la altura del kilómetro 57 de la carretera que une Valladolid y Segovia está bien indicada con un cartel en fondo marrón. 
Siguiendo las indicaciones nos deja en la margen derecha de la carretera, donde podemos dejar el coche. 
Ahí bajo la persistente lluvia preparamos nuestro bocata y nos pusimos en marcha. 
Tras cruzar por debajo de la carretera, justo al otro lado está el comienzo de la ruta, marcado por un panel en un círculo prefabricado. 
Desde ahí sale la escalera que baja al borde del río. 







Ya esos primeros escalones en madera daban mal presagio, entre que estaban mojados por la lluvia y la cantidad de hojas caídas se producían los primeros resbalones no muy agradables que digamos, así que había que bajar despacio y con cuidado esa primera escalera. 

La ruta que yo había encontrado en principio comprendía cuatro tramos para un total de 7,3 kilómetros, aunque luego en algunos sitios leí que había hasta 7 tramos, pero como he leído en algún sitio yo creo que la ruta está en estado de semi abandono y esos tres últimos tramos no existían junto al río. 

Había una ruta alternativa por el pinar junsto paralela a la ruta del río pero unos 15 o 20 metros por encima. 

Toda esta parte del río Cega está asentada sobre una duna que ha ido horadando para abrirse paso y se comprueba claramente cuando se camina por el pinar, muy diferente de la zona de pinar del pueblo de mi madre. 

Iniciamos el sector 1 al borde del río con mucha hoja en el suelo, muy resbaladizo y con bastante árbol caído, más sobre el río que sobre la ruta. 
La zona es bonita pero quizás desaconsejable en estas condiciones. 
Al final del sector 1 había una escalera de escape hacia el pinar, pero seguimos bordeando el río Cega. 








El río va haciendo alguna curva y por tramos la vegetación es más frondosa, pero se puede seguir caminando bien, salvo las precauciones por lo resbaladizo de los tramos donde se ha instalado algún trozo de pasarela de madera. 


El segundo tramo más largo también tenía una salida hacia el pinar al final de la misma y además de uso obligatorio, ya que había un cartel de senda cortada (posiblemente por ese abandono del mantenimiento de la misma).
Así que subimos hasta el pinar donde hicimos el tramo tres en un agradable paseo por un pinar frondoso, notándose claramente como está asentado sobre la duna.









Más adelante pudimos de nuevo bajar hacia el río para hacer el tramo cuatro por la ruta original, donde al final del mismo nos encontramos una perfecta escalera de madera ya que de nuevo la senda estaba cortada.

Salimos de nuevo al pinar y empezamos andar y andar y andar ... sin encontrar más señales, aunque ya al cabo del tiempo me fijé que algún árbol tenía marcas de la ruta.







Al cabo de un buen rato nos topamos con una cartel en sentido inverso que marcaba el tramo siete, nos habíamos comido del tramo 4 al 7 por el pinar, sin encontrar ningún acceso más a la senda junto al río.

Iniciamos el camino de vuelta y aunque intentamos localizar alguna forma de acceso no la encontramos, una lástima, porque supuestamente en este tramo había hasta un puentecillo colgante para salvar el río, pero efectivamente la zona no está bien cuidada.

No obstante la ruta había merecido la pena. Así pues volvimos ya del tirón por el pinar, haciendo yo creo que más distancia que a la ida, hasta llegar al punto de inicio de la ruta y a continuación al coche ya con el día más abierto, tanto que pudimos contemplar un buen arco iris, que suelen acompañar a las rutas últimamente.






Entramos un momento a Cuéllar, pero sin detenernos lo que merece, pasando por su vetusta plaza de toros (creo que sus encierros son los más antiguos de España), que ahora tiene un aspecto diferente y moderno nada atractivo y subimos hasta el castillo, grande, bien restaurado y diferente a la mayoría.

Allí soplaba bastante viento y hacia frío, por algo Cuéllar es de los lugares más fríos de España.

Así que quedará para otro día un paseo más largo por el pueblo.





Ya avanzaba la tarde y había que volver, pero dada la cercanía nos acercamos a ver el castillo de Iscar, que la vez que estuvimos de ruta por Valladolid no pudimos ver por falta de tiempo. 

Un poco deteriorado, pero no está mal, sobre todo con una gran ubicación en una pequeña colina que domina el pueblo y la gran llanura que se extiende en esa zona de la meseta.
Un 1 de valoración para el castillo.






Y ya también pasamos junto a la iglesia mudéjar de Pedrajas de San Esteban y nos acercamos también a ver el mudéjar de Olmedo, lo cual hicimos sin mucho detenimiento, pero lo suficiente para dar una vueltecilla por el pueblo y añadirlo al saco de sitios visitados.







Con ello pusimos punto y final a esta nueva ruta sin ninguna parada más hasta casa.

domingo, 29 de enero de 2017

Ruta de Castillos en Valladolid



Cambiamos por un día las rutas de senderismo por el campo y la naturaleza para buscar esta vez una ruta más cultural y de arquitectura.

Una ruta por los Castillos de Valladolid, posiblemente la provincia con más castillos de España

Este era el menú y el plan inicial

Medina del Campo
Urueña
Torrelobatón
Fuensaldaña
Trigueros del Valle
Villafuerte
Curiel de Duero
Peñafiel
Íscar
Portillo
Medina del Campo

(También se podía incluir Cuéllar, pero éste ya lo conocíamos y además es de Segovia y no de Valladolid)

Y esto plasmado sobre el mapa





Aunque luego añadimos Tiedra a la ruta, paramos en Wamba que pillaba de camino y nos quedamos con las ganas de ver Portillo en condiciones, ya era de noche, y tuvimos que dejar de ver Íscar, que quedará pendiente para otra ocasión.

Saliendo de Madrid sobre las 8 de la mañana, el punto de reunión era Medina del Campo, principio y final de la ruta.

Con la ola de frío prácticamente finiquitada, no obstante de camino allí, una vez superada la sierra de Guadarrama, había muchos puntos con temperaturas bajo cero.

Tras encontrar un sitio donde dejar estacionado un coche durante el resto del día nos dirigimos a tomar un buen desayuno caliente para empezar la jornada y combatir el frío.

Una vez entrados en calor nos dirigimos al Castillo de la Mota, uno de los más famosos, importante históricamente y bonitos de España.

Para mi, en una escala de 1 a 5 (siendo 5 lo mejor), un castillo de 5.




El siguiente punto en el planning era Urueña, que no contenía un castillo como tal al uso, pero sí unas murallas.
Cogimos la autovía, pasamos Tordesillas y nos desvíamos en la salida que lo marca.
Justo antes de llegar allí nos topamos con ésta chulísima Ermita.




Y desde ella, una de las vistas más chulas de Urueña, que da sensación de villa amurallada de otros tiempos, incluso de la época bíblica.
Una vez allí había tramos de la muralla habilitados para subir y andar por ella y el pueblo, pequeño, era muy bonito.
Primer destino completado.




La hora no parecía preocuparnos pero nos habíamos comido un buen trozo de mañana. Nos dirigíamos hacia Torrelobatón, pero unos carteles que nos indicaban Tiedra nos hizo cambiar de idea y modificar el planning.

Nos desvíamos hacia Tiedra, que debería haber sido el primer destino ya que está al otro lado de la autopista, y allí nos acercamos hasta el castillo, bastante bien conservado aunque con síntomas de haber sido restaurado recientemente.

Un castillo de 2 en la escala.





Como habíamos perdido bastante tiempo con este desvío y además el pueblo no tenía nada más (y habíamos ido a ver exclusivamente castillos) nos dirigimos directamente al siguiente destino, Torrelobatón.

El castillo está en un pequeño montículo en el centro del pueblo, desde lejos se ve perfecto, pero desde cerca es difícil abarcarle para tomar una buena estampa.
La altura de la torre del homenaje es tremenda, el castillo impresiona.

Podría estar rondando entre el 3 y el 4 en valoración.




Desde ahí deberíamos dirigirnos hasta Fuensaldaña, pero como la carretera pasaba por el curioso pueblo (lingüísticamente hablando) de Wamba, allí que hicimos una nueva parada.

Paramos junto a la bonita iglesia que tenéis debajo, muy bonita e hicimos una foto a la estatua del Rey Wamba existente en el pueblo, y continuamos camino.





Llegar hasta el siguiente destino nos costó. Estaba próximo pero para llegar sólo hay una carretera y como nos confundimos, al coger la autovía que va desde Valladolid a Palencia no había salida directa.
Así que tuvimos que tomar la salida hacia Villanubla, donde está el aeropuerto, y tras hacer allí un intento fallido por comer seguimos hasta Fuensaldaña, donde llegamos rápidamente.

Lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer, y lo encontramos por 15 euros en un pequeño Asador del que salimos muy satisfechos.

Enorme variedad (unos 10 primeros y 10 segundos), buena calidad y buena cantidad.

Una vez recuperadas fuerzas nos fuimos a ver el castillo. De estructura y dimensiones parecidas al anterior, su Torre del homenaje era más bonita. Estaba ubicado en el centro del pueblo, en un entorno más elegante y la impresión era majestuosa igualmente.

Otro castillo con valoración 3 o 4 sobre cinco.




Entre los problemas para llegar a Fuensaldaña y el tiempo empleado comiendo se había hecho relativamente tarde para todo lo que quedaba.

El siguiente destino ya estaba más lejos. Montamos en el coche y nos dirigimos a Trigueros del Valle.

Allí, además de una ermita en lo alto de un montículo dominando el pueblo, que no visitamos por falta de tiempo, nos encontramos con un castillo de grandes dimensiones, con una fachada principal relativamente conservada pero con el resto en bastante mal estado, no es un castillo derruído, pero si con serios desperfectos.

Digamos que un castillo de valoración 1.




De vuelta al coche rumbo a Villafuerte (Villafuerte de Esgueva en algunos sitios). 

Allí en lo alto del pueblo (ubicación habitual de los castillos), nos encontramos con un castillo de estructura similar a los de Torrelobatón y Fuensaldaña pero con menores dimensiones. No estaba en un entorno especialmente bonito, con mucha maleza alrededor y algo de chatarra, pero no obstante es un castillo interesante que sin problemas puede recibir una valoración de 2.




Con el atardecer amenazándonos y mucho por recorrer todavía, teníamos la esperanza de llegar por lo menos en buenas condiciones a Peñafiel y a partir de ahí valorar.

Después de pasar por Pesquera de Duero y su multitud de bodegas de gran renombre seguimos hacia Peñafiel que ya se vislumbraba a lo lejos. Prácticamente pegando a Peñafiel se encuentra Curiel de Duero. 
Éste castillo sólo lo pudimos contemplar en la distancia, ya que se ha convertido en una propiedad privada dedicada a la hostelería.
Eso sí, la ubicación sobre una roca elevándose por encima del pueblo le daban un aspecto muy interesante.
Además en el pueblo había una bonita plaza con una puerta-muralla y una fuente.





Por fin llegamos a Peñafiel, otro de los castillos más impactantes de España, por su tamaño y su ubicación.
El cielo ya más que naranja estaba tornándose oscuro, el sol ya se había puesto casi completamente y las luces del pueblo estaban encendidas dada la oscuridad ya reinante.
Después de dar varias vueltas por el pueblo encontramos la carretera para subir.
Ya quedaba muy poca gente allí y empezaba a hacer mucho frío.
Hicimos alguna foto, aunque las más bonitas de este castillo son en la distancia, y aunque quedó un punto de decepción por el poco tiempo que pudimos dedicarle (el pueblo también parecía chulo) por lo menos pudimos llegar hasta allí. 
Pero visto que quedaron más cosas pendientes, bien merecerá volver a visitarlo en mejores condiciones de luz.
Un castillo que también merece la valoración máxima de 5.




Una vez de vuelta al coche cogimos la guía de carreteras y valoramos la situación.
Quedaban dos castillos pero era absolutamente de noche.
Además estaban mal comunicados.
Así que decidimos pasar por Portillo que estaba justo de camino hacia Medina del Campo.
No estábamos cerca y teníamos que transitar por carreteras estrechas, sin ningún tipo de iluminación y que no conocíamos.
Así que casi después de una hora de trayecto alcanzamos Portillo.
Situado en una loma en la prácticamente llana provincia de Valladolid tenía pinta de ser un pueblo chulo y su castillo más todavía.
Lástima de la escasa luz y el profundo frío.
Dimos una vuelta al castillo, que tenía la impresión de tener una valoración de tres, y quedó emplazado para una nueva visita junto con el no visitado de Íscar, el de Peñafiel y alguna cosa más.




Así que ya sólo quedaba cerrar el círculo y retornar a Medina del Campo, donde también quedó por disfrutar de algo más que el castillo, pero otro día sería, ya que también me quedó pendiente Simancas, Tordesillas y la propia Valladolid.

En total el trayecto supuso más de 300 kilómetros por la provincia de Valladolid y un montón de sitios chulos.

Una vez allí, yo de vuelta a Madrid y mi hermano y Noelia a Valladolid.
Llegué sobre las 22.15 de la noche después de haber salido a las 8 de la mañana.
No está mal para una sóla jornada!