viernes, 8 de febrero de 2019

Ruta de castillos por Toledo




Como hacía tiempo que no había ruta, en parte por la escasez de lluvia y nieve, decidí coger un día de vacaciones entre diario para intentar visitar alguna zona nevada por la reciente ciclogénesis. 

Pero el día amaneció complicado en la zona a la que quería ir, Ayllón y sus hayedos colindantes, con mucho viento, niebla y posibilidad de nevada en una carretera seguramente difícil para circular sin cadenas. 


Así que decidimos poner rumbo hacia el sur e imitar la ruta de castillos realizada por Valladolid un par de años atrás pero esta vez por la provincia de Toledo. 

Aún sin estar muy preparada la ruta era fácil de seguir y de enlazar. 

Aunque lo lógico quizás hubiera sido comenzar en el castillo de Oropesa, el más alejado por el oeste, y terminar en el de Consuegra, de lo más alejado por el sur, y dos de los mejores de la provincia, ambos quedarán para otra ocasión. 


Así que saliendo por la carretera de extremadura, todo recto, hasta nuestra primera parada, en Maqueda, al pie de la carretera, con su castillo en un pequeño montículo domina el pueblo y el paso de la autovía. 

Un castillo más o menos sencillo, rectangular y bien conservado, pero sin muchos alardes, quizás podría alcanzar la categoría de 2 sobre 5. 







Sin mucho más que ver en el pueblo y después de un avituallamiento, seguimos ruta, ya saliéndonos de la autovía, dirección al hasta entonces desconocido para mi pueblo de Barcience, pegando a Torrijos. 

Allí nos encontramos con un castillo más ruinoso, fuera de la localidad y también en un montículo, al que se llegaba después de aparcar junto al cementerio. 
Destacaba en el castillo un par de escudos con un león ... para bien, y para mal las pintadas que tenía, bastante lamentables. 
Castillo de 1 de valoración. 













Antes del siguiente castillo aprovechamos para hacer una parada en La Puebla de Montalbán, que ese día 24 de enero estaba en fiestas, 
con lo cual la interesante Plaza Mayor del pueblo quedó deslucida ya que estaba destinada a actividades infantiles. 
Con un par de iglesias y un palacete, es la villa que vio nacer a Fernando de Rojas (con lo cuál tiene bastante historia) y tenía muchas referencias merecidas a él. 



Vuelta al coche y rumbo hacia el más conocido castillo de Malpica de Tajo, que está asomado al río. 

No es un castillo muy grande, ni muy destacado, también entre cuadrado y rectangular, simétrico, sin torre del homenaje, pero con jardines y bien colocado en la margen izquierda del río Tajo. 
Pero con un gran inconveniente, no se podía acceder al interior de la cerca que lo protegía, así que hubo que conformarse con la visión que se contemplaba de él desde el puente que salva el río Tajo. 
Posiblemente un castillo de 2 de valoración en escala 5. 






Desde allí pusimos rumbo al castillo de Guadamur, en principio según mis referencias el mejor que íbamos a ver en el día, y ya de paso aprovechamos para ver el muy próximo de Polán. 


Fuimos por una destartalada carretera marcada como de interés y cierto es que no era un mal paisaje, pero que nos obligaba a ir muy despacio y a tardar bastante en llegar a nuestro siguiente destino a pesar de no estar muy lejos. 

Paramos en Polán, buscamos su castillo, un poco ruinoso, con cierto parecido en estructura a los madrileños castillos de San Martín de Valdeiglesias o Villarejo de Salvanés, y aprovechamos una contigua plaza con bancos con vistas al mismo para comer un buen bocadillo de chorizo. 
Un castillo de 1 de valoración. 







Contiguo estaba el pueblo de Guadamur, al que hace tiempo tenía ganas de ir después de haber descubierto su castillo navegando por internet. 


Y efectivamente era un castillo chulo, bien conservado, no muy grande pero de buenas dimensiones, y con una estructura más clásica. 

Pero con el mismo inconveniente que el de Malpica, estaba en un recinto cerrado y no se podía acceder para verlo desde todas las perspectivas, así que hubo que conformarse con una visión externa. 

Un castillo que por lo menos vale un 3 de valoración. 









Estábamos muy próximos a Toledo capital, dónde en teoría también hay un castillo, pero suponía dejar de ver más sitios, así que lo dejamos también para otra ocasión. 


Y nos dirigimos al pueblo de Orgaz, que yo creía que estaba más cerca de Oropesa por eso de que el castillo de Oropesa se llama Castillo de los condes de Orgaz. 

El castillo está pegango a la carretera que atraviesa el pueblo, bien situado para que lo vea todo el mundo. 

Un castillo más en plan fortaleza. 
Aprovechamos también para bajar a ver un puentecillo, no muy interesante porque no había agua en el cauce y para tomar un reparador café después de tanta conducción. 
Un castillo entre 1-2. 







Con las energías mejoradas y sin el sueño que estaba entrando nos dirigimos al cercano pueblo de Los Yébenes. 

Cuando estábamos llegando nos encontramos un pequeño monte delante de nuestras narices, lo cual cambió un poco el paisaje un poco monótono que traíamos hasta ahora. 
Así que salvamos ese monte y en la caída estaba ubicado el pueblo (otro de los que conforman los nombres de las calles de mi barrio de Aluche de toda la vida). 
Tenía una ermita en lo alto de esa cara del monte y parecía un pueblo interesante ... pero el castillo en cuestión del pueblo estaba unos 18 kilómetros al sur, así que se quedó allí. 

Ya en ese punto y dado que no íbamos a ir al castillo de Consuegra, no quedaba mucho más. 

Así que nos acercamos hasta el castillo de Mora que no prometía mucho y pensamos en parar posteriormente en Ocaña para completar la jornada. 

De paso hicimos un drive-through por Manzaneque que tenía una torre, pero sólo eso, nada interesante, ni siquiera valorable como castillo. 


En Mora si que encontramos un pueblo grande, con movimiento, y con una bonita plaza con iglesia, jardines y un edificio como de casino raro. 

El castillo estaba a unos 2 kilómetros del pueblo en una colina, pero ni se podía llegar muy bien hasta él y además estaba muy derruido, así que sólo pasamos por la carretera más próxima y lo divisamos. 

Y ya desde allí atravesando olivares hacia Ocaña. 

Pasamos por Tembleque (tercer pueblo con nombre de calle en Aluche), pero no paramos, aunque posiblemente el pueblo tuviera algo interesante. 
Y ya llegamos a Ocaña, bastante alejado de dónde habíamos estado ya que la provincia de Toledo es muy grande, sobre todo de oeste a este. 
Allí estuvimos en su muy interesante Plaza Mayor, nos acercamos a la Fuente Vieja y dimos un paseo por sus calles, con alguna iglesia y con bastante encanto en general. 





Y con ello concluyó la jornada de Castillos y algo más por la provincia de Toledo. 

sábado, 16 de junio de 2018

Chorro de la Ventera



Ante la insistencia de las lluvias intentamos abordar esta ruta antes de que la falta de agua nos impidiera ver la recompensa final, pero aún así nos quedamos sin dicha recompensa.
La ruta sigue siendo muy recomendable a pesar de todo, además hay más alicientes en los alrededores, pero llegar a la base del Chorro de la Ventera o a algún punto en el que divisarlo en todo su esplendor se me asemeja muy difícil y muy desaconsejable.
Las indicaciones que hay en internet no resultaron ser muy exactas y o en otra época (quizás con menos agua) se puede remontar el cauce del río o es medio imposible, además de que supuestamente está prohibido, cosa que me parece absolutamente vergonzoso e increíble, como una cascada o el cauce de un río pueden ser privados.

En fin, no obstante ya digo que aún así lo hecho mereció la pena.

Una vez llegados a Madrigal de la Vera desde Candeleda, en el cruce que manda a mano izquierda dirección Oropesa, justo ahí, cogemos la calle que sale a mano derecha, es bastante estrecha, y más adelante más todavía, así que hay que ir con cuidado.
A pesar de que se puede llegar en coche hasta el cartel que indica el acceso a la Cascada, no en cualquier coche y además se pierde parte de encanto.

Así que nosotros dejamos el coche donde marco.

Desde ahí pueden ser unos 12 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta.

Aunque hay bastantes bifurcaciones, en principio no es difícil casi nunca decidir cual es la correcta, aunque nosotros nos equivocamos una vez y nos supuso un pequeño retraso.
De todas maneras os marco con fotos las bifurcaciones y cuál hay que seguir, y si no en el mapa visto desde satélite de Google Maps se puede apreciar bien.





Tras realizar un pequeño descenso y pasar junto a una finca con una pequeña piscina, otro tramo de bajada nos deja en el puente de los ojos, en cuya garganta más arriba está la charca de El Recuencano, que debe ser interesante, pero no sabía muy bien donde estaba y además había leído que era complicado acceder a ella, así que para otra vez.





Primera parte de la ruta



Un poco más adelante a mano izquierda se desvía hacia una vivienda de campo particular, con lo que hay que coger el camino en pendiente a mano derecha, que además si se fija uno bien, se ve que un poco más adelante tiene un tramo de hormigón.

Ahora ya no hay posibilidad de equivocarse, ya que lo siguiente que nos encontramos es el cartel de Propiedad Privada que indica el acceso al Chorro y que nos indica que sólo puede hacerse por el borde del cauce.







Avanzando por ese camino nos encontramos con una puerta que no se puede abrir porque tiene un candado y que prohibe completamente el paso, no siendo del todo sencillo el franquearla (a la vuelta nos encontramos con dos personas justo antes de la puerta que me hacían pensar que tuvieran algo que ver con esa propiedad privada y que mejor no haberlos encontrado
dentro de la propia finca)




Ya atravesando terrenos invadidos por el musgo y los helechos vamos acercándonos a la garganta y justo al avistar un puente podemos ver a duras penas la parte alta del chorro.
Y aquí cuando después de un duro paseo, con lluvia, desorientación y unos cuantos kilómetros, parece que ya tienes casi la recompensa es cuando todo se va al traste.


Un nuevo cartel nos recuerda que es una finca privada y que se debe respetar, así que aunque el camino seguía pasado el puente, intentamos remontar el curso de la garganta, que sin duda parecía el camino más corto, de hecho bastante corto.
Pero tras saltar varias piedras y sin avanzar ni 30 metros nos dimos cuenta de que era imposible, el cauce del agua estaba franqueado en algunos puntos por paredes de piedra imposibles de solventar.
Así que tras otear el panorama volvimos al puente e intentamos continuar por el camino a pesar de estar prohibido.




Puente donde comienza el acceso final al Chorro


Aspecto de la garganta por la que supuestamente hay que acceder al Chorro


Visión del Chorro desde aquí, casi la mejor (con el zoom de la cámara claro)


A los pocos metros de iniciar ese camino nos topamos con dos jabatillos que rápidamente se escondieron entre la multitud de helechos de no poca altura que flanqueaban el camino.
Según las indicaciones que tenía había que ascender por lo menos 7 curvas a mano izquierda para desviarse e intentar alcanzar el Chorro.
Y eso intentamos hacer, pero llegados a ese punto nos adentramos entre la espesura de los helechos, guiados por algunos hitos que había pero lo más que conseguimos acercarnos fue, no sin peligro hasta un punto en el que se veía un trozo de la caída y en una situación complicada por lo resbaladizo del terreno y la pendiente hacia la garganta.

No sé si las excepcionales lluvias han provocado esta exhuberante vegetación que nos impidió contemplar el Chorro de la Ventera porque aparentemente hay gente que ha llegado a la base del mismo o la ha visto desde un pequeño mirador (en google maps aparece mucho más despejada la toma de satélite), pero no lo conseguimos, a pesar de un par de intentos de Fede, esto fue lo más que consiguió ver.



Además toda esta parte final de intento de aproximación al Chorro nos llevó más de dos horas y un gran desgaste.

Así que con la ligera decepción, a pesar del gran entorno por el que habíamos transitado deshicimos el camino andado hasta el coche, buscando reponer fuerzas, ya que eran más de las cinco de la tarde y habíamos salido a las 11 de la mañana en busca del objetivo.

Y para reponer fuerzas nos acercamos en la propia localidad de Madrigal de la Vera hasta el puente romano de Alardos en la Garganta del mismo nombre. Una obra de ingeniería de la época romana que es parte de la calzada romana que baja por el Puerto del Pico y que hace frontera entre Cáceres y Ávila.

Así que allí junto al puente en un apacible merendero estuvimos comiendo hasta que la lluvia que llevaba rato amenazando nos empezó a calar, con lo que nos refugiamos en el coche hasta que capeara el temporal, pero ante la insistencia de la misma salimos a contemplar el puente con el inconveniente de mojarnos.







Un puente, que aunque ha sido retocado, conserva un gran parecido en cuanto a forma y dimensiones con el de Cangas de Onís, y que es una maravilla de la ingeniería para salvar la garganta.

Para completar el día nos acercamos al siguiente pueblo, Villanueva de la Vera, para contemplar la Cascada del Diablo, al lado de la carretera y sin ninguna perdida. Una cascada que no está metida en la montaña si no ya en la parte baja de la Garganta de Gualtaminos, y que llevaba un agua increíble. Lástima que el último tramo de cascada no se pueda contemplar desde ningún sitio.






Y con eso, y una buena paliza en el cuerpo concluimos la visita y retornamos, que aunque parezca que no el sitio está lejos de Madrid.

jueves, 24 de mayo de 2018

Ruta Chorrera de San Mamés desde Navarredonda



Intentamos hacer una visita a la Chorrera de San Mamés por una ruta diferente a la habitual, que creo que es más o menos conocida y que parte desde el pueblo del mismo nombre, y lo intentamos desde el vecino municipio de Navarredonda, separado tan sólo un par de kilómetros.

Hay que decir que es apta para gente preparada y con poco miedo a las zarzas, en total fueron unos 22 kilómetros en casi 4 horas.

Había encontrado una breve descripción de como hacerlo, pero resultó ser muy poco precisa y nos llevó a emplear mucho tiempo en orientarnos y ponernos sobre la pista de la chorrera.

En principio saliendo desde la iglesia de Navarredonda situada junto a la plaza del ayuntamiento, enseguida llegamos a una fuente dentro del pueblo, momento en el cual giramos a la derecha. Nada más girar el camino se divide en dos, deberemos coger el de la izquierda que circula entre dos muros de piedra hasta llegar pasados unos cinco minutos hasta los dos depósitos de agua del municipio.





Atravesamos un paso canadiense y seguimos de frente pero aquí es donde se empieza a complicar la orientación.
En teoría la Cascada está muy a la derecha de donde nos encontramos en ese momento, y tenemos que intentar alcanzar un camino que hay bastante más arriba, pero no es sencillo por el alto número de zarzas que nos bloquean completamente en muchos momentos el seguir ascendiendo.

Así que en vez de seguir rectos próximos al arroyo que tenemos a mano izquierda como decían las indicaciones que poseía, es mejor empezar a girar a la derecha siempre subiendo ya que es por donde al final conseguimos abrirnos paso de manera más sencilla entre tanta zarza y ortiga.



Desde aquí empezar a ir girando a la derecha mientras subimos



Vistas del valle del Lozoya mientras ascendemos



Digamos que sobre el mapa la línea roja es la ruta que hicimos hasta empalmar el camino señalizado, la línea marrón el camino recomendado por mi hasta llegar al camino señalizado y la línea verde el de la fuente que había consultado, pero que al final va a unirse prácticamente con el oficial y le quita todo el atractivo de la parte alta.




La forma más fácil de saber donde coger el camino es cuando nos encontramos con una pequeña garganta que salvar, en cuyo momento, si todavía no hemos llegado al camino hay que subir entre un tupido bosque hasta dar con él.




Fede ya en el camino con vistas de fondo entre el bosque


Este no es el camino oficial que aparece en Google Maps, que es casi paralelo a éste, y que no sé desde dónde viene. Está casi cubierto de hierba más que ser de tierra. Estamos casi a 1600 metros de altitud que no es ninguna tontería.
Después de un rato andando el camino va girando hacia la izquierda para buscar la garganta en la que se encuentra la cascada y un poco más adelante se une con el camino oficial (a nuestra izquierda) que si aparece en Google Maps.



Un tramo del camino


En ese momento si veis el mapa, estamos ya cerca de la chorrera, pero para llegar hasta ella tendremos que andar bastante, ya que hay que seguir el camino hasta un puente que cruza la garganta y después bajar por la otra vertiente, que en muchos puntos se aleja bastante de la garganta.



Cerca de la Garganta y de la Chorrera ya, pero sin cruzar todavía el otro lado


Aunque mirando el mapa la sensación es que uno se está alejando de la cascada y que no la vamos a ver, cuando lleguemos a una zona de descenso pronunciado y con un par de eses en el camino estaremos realmente cerca de nuestro objetivo.
En la segunda ese, donde marco con el triángulo morado en el mapa, sale un camino bien marcado y señalizado con postes que nos marca la Chorrera a 750 metros.



Bajando hacia las eses mencionadas



Lugar del desvío hacia la Chorrera



Por este camino hasta bien cerca no se puede divisar, pero ya una vez avistada se obtiene la recompensa deseada.
En una lancha a unos 50 metros de la misma merendamos y reponemos fuerzas rápidamente, ya que la tarde se está echando encima y cuando una pareja de personas mayores y su perro abandona el entorno nos acercamos al pie de la cascada.







Allí salvé una caída a lo Marc Márquez en Moto GP, o sea que llegué a estar literalmente en el suelo pero con pericia evité un trompazo serio y caer al agua.

Eran las 20.15 aproximadamente, no quedaba mucha tarde ni mucho tiempo de luz, así que tras deshacer esos 750 metros hasta el camino oficial donde marcaba 3,5 kilómetros hasta San Mamés no pusimos a trotar hasta prácticamente la entrada al pueblo, desde donde ya por la carretera regresamos a nuestro punto de partida en Navarredonda, ya empezando a caer la luz.

Ya sólo quedaba volver, aunque el atropello involuntario de un pobre pájaro ya en la carretera del valle del Lozoya me dejó un gran amargor a una gran tarde de senderismo.