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martes, 2 de abril de 2019

Monumentos Valle del Corneja y de Amblés - Ávila



Saliendo desde Madrid hasta Cebreros (Ávila) para resolver un asunto familiar y ya situados allí, antes de poner rumbo a Ávila y al Valle de Amblés y del Corneja, decidí primero hacer una parada en el próximo Valle de Iruelas para contemplar el puente románico de Navaluenga, que hacía mucho tiempo tenía ganas de ver. 

Bordeando el pantano del Burguillo, bastante menguado de agua casi como es tónica habitual y contemplando como estaban construyendo un puente nuevo para cruzar la cola del mismo, ya que el vetusto existente no permite circular a dos vehículos simultáneamente, tomamos el desvío hacia Navaluenga, un pueblo bastante decente dentro de la provincia y con ambiente y actividad pese a estar bastante aislado, con el puerto de Mijares como salida más sencilla al Valle del Tiétar y un poco apartado y por bastantes curvas de la nacional que une Ávila y Toledo. 

El único recuerdo que tenía de Navaluenga era de hace casi 30 años cuando recuerdo estar con mis padres y mi hermano en el pueblo y como la guardia civil ante un aviso de crecida del Río Alberche hizo salir a los bañistas que aprovechaban la zona habilitada dentro del pueblo para bañarse. Pero no llegué a ver el puente. 

Y esta vez no lo dejé pasar. 
Puente asimétrico como la mayoría de los de esa época y con un aroma a muy antiguo, sin restauraciones aparentes o muy evidentes. 
Un poco empanado y dado que se pasaba la mañana ni siquiera se me ocurrió cruzarlo, pero bueno, ya habrá otra vez. 





Así que rumbo hacia el plato fuerte, Bonilla de la Sierra. 
Descubriendo una nueva carretera, la que une Navaluenga con San Juan de la Nava, que salva casi 400 metros de desnivel, y parando en El Barraco para echar gasolina, proseguimos hasta Ávila, para sin detenernos continuar por la carretera del Barco, atravesando el Valle de Amblés y los numerosos pero pequeños pueblos que la jalonan, entre los que destacan un poco Muñana por sus mataderos, y zona que he frecuentado mucho por un amigo mío, Villatoro, con una notable iglesia y sitio desde el que ir a Vadillo de la Sierra al que algún día me tengo que acercar al ser el pueblo que limita al sur con el de mi padre. 

Pasado el puerto de Villatoro entramos en los dominios del Corneja, quedando a mano izquierda la carretera que discurre por sus primeros kilómetros y en la que el año pasado hicimos una ruta magnífica para descubrir los Chorrerones del Corneja, y posteriormente ascender el puerto de Chía y quedar a las faldas de la Serrota, punto culminante de la Sierra de su mismo nombre. 

Pues ya unos kilómetros más adelante tomamos a mano derecha el desvío hacia Bonilla de la Sierra. 
Aunque hubiera preferido otro clima, para una zona y época que casi deberían llamar a la nieve, lo que había era un sol de justicia y un terreno abrasado por el sol y la falta de precipitaciones, y para mi le restaban ligero encanto al pueblo y al entorno. 

Y allí, casi en medio de la nada y no cerca de ningún sitio importante se encontraba Bonilla de la Sierra, antigua villa episcopal y uno de los mejores pueblos de la provincia de Ávila en cuanto a patrimonio. 

Son 4 los puntos de interés del mismo. 

La puerta de Piedrahíta, única en pie de las cuatro existentes en la antigua muralla que envolvía el municipio. 






El castillo, junto a la iglesia y en semi ruinas, aunque todavía con la torre del homenaje en pie. 




La iglesia-colegiata consagrada a San Martín de Tours. Una maravilla con poca comparación y sorprendentemente levantada 
en un pueblo minúsculo. Con un fantástico ábside, sus únicos y bonitos pináculos y las gárgolas que lo adornan. 
No pudimos verla por dentro desgraciadamente. 






Y el soprendente Pozo o Aljibe de Santa Bárbara, de origen árabe seguramente, y que en la actualidad sigue cumpliendo la misma función que cuando se diseñó y se puede acceder a su interior hasta el borde del agua. 






Además debe haber un puente cerca, denominado de Chuy, que se me escapó. Lástima, con lo que me gustan los puentes. 


Además la plaza con alguna casa porticada, algunas casas nobles con escudos y de bastante antigüedad y un empedrado cuidado en sus calles le dan un encanto enorme. 


Más detalle Bonilla de la Sierra 


Nos topamos con un bar en el pueblo, abierto, y allí tomamos un refresco con un pincho de tortilla y conversamos con el alcalde, cuando los poco habitantes del pueblo se disponían a comer allí reunidos. 
Nos dijeron que el censo era de 130 personas pero que pernoctaran únicamente más de 20, y que se estaba a punto de poner en marcha un guía para enseñar el pueblo, cosa que vendría bien para dar a conocer un sitio magnífico y revitalizar un poco la zona. 
Tan sólo nos encontramos con un matrimonio mayor visitando el pueblo. 

Sólo a 5 kilómetros de Piedrahíta, nos acercamos para comer algo. Primero pasamos por el palacio del Duque de Alba, otro de los monumentos destacados de la zona, ubicado en las primeras estribaciones del Puerto de la Peña Negra, un sitio fantástico también, y que siempre se me había resistido cuando había pasado por Piedrahíta. 





Así que divisamos el Bar Felipe Restaurante y allí que fuimos a comer. Era martes y no había prácticamente nadie salvo unos familiares. 
La carta era sorprendente en cuanto a los precios, no concebíamos que se pudiera comer tan barato. 
El menú del día, aunque sólo tuviera dos primeros y dos segundos, sólo costaba 8 euros, pero la carta que nos dejaron con buena variedad no salía mucho más caro, una ensalada poco más de 3 euros, un arroz a la cubana 4 euros, una pechuga de pollo a la plancha sobre 4 euros, y un enorme filete de ternera avileña que me zampé 7 euros. El entrecot se quedaba en 12. 

Dio pena, que comiendo tan bien no tuvieran más gente y que además nos diéramos cuenta ya en Madrid que nos habían cobrado de menos, cosa que no compensaba la propina que habíamos dejado. 
Un café para hacer la digestión y no quedarse dormido en el viaje de vuelta y a seguir descubriendo sitios. 


Deshicimos el trayecto por la N-110, pasando por el Puerto de Villatoro hasta que llegados a Muñana nos desviamos a la derecha para buscar la carretera que va a Gredos y Arenas de San Pedro.

Una vez en ella nos dirigimos a Solosancho y desde allí hasta el contiguo Villaviciosa, núcleo anexo a éste.

En él, escondido de las vistas desde la carretera nacional por un montículo teníamos un castillo.

Con similitudes al que vimos en su día en Olmillos de Sasamón, en la actualidad está convertido en un hotel.

Más detalle castillo de Villaviciosa



Junto a él un verraco, de pequeñas dimensiones, de los múltiples que abunda por la zona.







A escasos metros de allí se encontraba el acceso al Castro de Ulaca, otro de los puntos fuertes del día.


Un poco desorientados ya que en la entrada no se atisbaba nada al respecto empezamos a subir, y a los pocos metros mi madre decidió que aquello era mucho para ella, así que me fui yo sólo para arriba pensando que aquello no era nada.

Empecé a subir como si fuera con Fede, o como si fuera él, a toda pastilla, siguiendo los hitos, pero sin una indumentaria adecuada.
Ganaba altura rápidamente pero aquello no acababa nunca. No obstante iba sorprendiéndome con las fantásticas vistas del Valle de Amblés y algunas sorprendentes formaciones rocosas.













A los 20 minutos o así me encontré con el primer punto informativo de los 15 o así que había.

Ya veía enfrente de mi los rudimentarios cinturones de murallas que los vetones construyeron a modo de defensa en su época, hasta 3.
Seguí concatenando hitos, ya preocupado porque mi madre pensaría que me habría pasado algo, pero ya que estaba allí tenía que llegar por lo menos hasta lo más representativo del castro, que es el denominado Santuario, cuya característica más significativa son unas escaleras talladas en la piedra.

Por fin coroné lo alto del monte, y caí que en el mapa topográfico marcaba Ulaca a 1501 metros de altitud, teniendo en cuenta que habría salido a unos 1200 me había pegado un buen sofocón.

Enseguida llegué hasta el famoso Santuario y tras hacer fotos del sitio y de las vistas alrededor, castillo de Manqueospese incluido deje lo que quedaba por ver en el tintero y me fui pitando para abajo, corriendo a toda velocidad porque mi madre estaría preocupada ya.
Así tardé poco más de 5 minutos en bajar y evidentemente mi madre pensaba que me había pasado algo, pero más rápido no pude ir.










Más detalle Castro de Ulaca



Una vez abajo y recuperado del sofocón nos dirigimos al casi contiguo pueblo de Sotalvo (o Sotalbo), tampoco visible desde la carretera nacional para ver el castillo de Manqueospese.
Aunque en realidad creo que el castillo ahora pertenece al contiguo municipio de Mironcillo (desde donde debe haber un camino que lleve al pie del mismo).

El castillo está encaramado en las piedras en las faldas del Pico Zapatero.

Como no sabía si se podía subir en coche ni desde donde, y estaba reventado de la subida al Castro de Ulaca, se quedó en unas fotos desde abajo.
Así que con eso estaba concluida la jornada.







Detalle Castillo de Manqueospese


Seguí por la carretera hasta el contiguo pueblo de Riofrío, muy próximo a Ávila, pero una carretera que desconocía. Está enclavado en un pequeño hoyo formado por varias montañas que la rodean.
Tras subir un pequeño puerto enseguida conectamos con la carretera que viene del Puerto de Navalmoral y ya estábamos casi en Ávila, donde esta vez no paramos.

La última parada la hicimos de nuevo en el Barraco, para hacer un descanso y tomar un café y ya de pasó tomé una foto de su berraco bien conservado junto al ayuntamiento.





FIN

viernes, 8 de febrero de 2019

Ruta de castillos por Toledo




Como hacía tiempo que no había ruta, en parte por la escasez de lluvia y nieve, decidí coger un día de vacaciones entre diario para intentar visitar alguna zona nevada por la reciente ciclogénesis. 

Pero el día amaneció complicado en la zona a la que quería ir, Ayllón y sus hayedos colindantes, con mucho viento, niebla y posibilidad de nevada en una carretera seguramente difícil para circular sin cadenas. 


Así que decidimos poner rumbo hacia el sur e imitar la ruta de castillos realizada por Valladolid un par de años atrás pero esta vez por la provincia de Toledo. 

Aún sin estar muy preparada la ruta era fácil de seguir y de enlazar. 

Aunque lo lógico quizás hubiera sido comenzar en el castillo de Oropesa, el más alejado por el oeste, y terminar en el de Consuegra, de lo más alejado por el sur, y dos de los mejores de la provincia, ambos quedarán para otra ocasión. 


Así que saliendo por la carretera de extremadura, todo recto, hasta nuestra primera parada, en Maqueda, al pie de la carretera, con su castillo en un pequeño montículo domina el pueblo y el paso de la autovía. 

Un castillo más o menos sencillo, rectangular y bien conservado, pero sin muchos alardes, quizás podría alcanzar la categoría de 2 sobre 5. 







Sin mucho más que ver en el pueblo y después de un avituallamiento, seguimos ruta, ya saliéndonos de la autovía, dirección al hasta entonces desconocido para mi pueblo de Barcience, pegando a Torrijos. 

Allí nos encontramos con un castillo más ruinoso, fuera de la localidad y también en un montículo, al que se llegaba después de aparcar junto al cementerio. 
Destacaba en el castillo un par de escudos con un león ... para bien, y para mal las pintadas que tenía, bastante lamentables. 
Castillo de 1 de valoración. 













Antes del siguiente castillo aprovechamos para hacer una parada en La Puebla de Montalbán, que ese día 24 de enero estaba en fiestas, 
con lo cual la interesante Plaza Mayor del pueblo quedó deslucida ya que estaba destinada a actividades infantiles. 
Con un par de iglesias y un palacete, es la villa que vio nacer a Fernando de Rojas (con lo cuál tiene bastante historia) y tenía muchas referencias merecidas a él. 



Vuelta al coche y rumbo hacia el más conocido castillo de Malpica de Tajo, que está asomado al río. 

No es un castillo muy grande, ni muy destacado, también entre cuadrado y rectangular, simétrico, sin torre del homenaje, pero con jardines y bien colocado en la margen izquierda del río Tajo. 
Pero con un gran inconveniente, no se podía acceder al interior de la cerca que lo protegía, así que hubo que conformarse con la visión que se contemplaba de él desde el puente que salva el río Tajo. 
Posiblemente un castillo de 2 de valoración en escala 5. 






Desde allí pusimos rumbo al castillo de Guadamur, en principio según mis referencias el mejor que íbamos a ver en el día, y ya de paso aprovechamos para ver el muy próximo de Polán. 


Fuimos por una destartalada carretera marcada como de interés y cierto es que no era un mal paisaje, pero que nos obligaba a ir muy despacio y a tardar bastante en llegar a nuestro siguiente destino a pesar de no estar muy lejos. 

Paramos en Polán, buscamos su castillo, un poco ruinoso, con cierto parecido en estructura a los madrileños castillos de San Martín de Valdeiglesias o Villarejo de Salvanés, y aprovechamos una contigua plaza con bancos con vistas al mismo para comer un buen bocadillo de chorizo. 
Un castillo de 1 de valoración. 







Contiguo estaba el pueblo de Guadamur, al que hace tiempo tenía ganas de ir después de haber descubierto su castillo navegando por internet. 


Y efectivamente era un castillo chulo, bien conservado, no muy grande pero de buenas dimensiones, y con una estructura más clásica. 

Pero con el mismo inconveniente que el de Malpica, estaba en un recinto cerrado y no se podía acceder para verlo desde todas las perspectivas, así que hubo que conformarse con una visión externa. 

Un castillo que por lo menos vale un 3 de valoración. 









Estábamos muy próximos a Toledo capital, dónde en teoría también hay un castillo, pero suponía dejar de ver más sitios, así que lo dejamos también para otra ocasión. 


Y nos dirigimos al pueblo de Orgaz, que yo creía que estaba más cerca de Oropesa por eso de que el castillo de Oropesa se llama Castillo de los condes de Orgaz. 

El castillo está pegango a la carretera que atraviesa el pueblo, bien situado para que lo vea todo el mundo. 

Un castillo más en plan fortaleza. 
Aprovechamos también para bajar a ver un puentecillo, no muy interesante porque no había agua en el cauce y para tomar un reparador café después de tanta conducción. 
Un castillo entre 1-2. 







Con las energías mejoradas y sin el sueño que estaba entrando nos dirigimos al cercano pueblo de Los Yébenes. 

Cuando estábamos llegando nos encontramos un pequeño monte delante de nuestras narices, lo cual cambió un poco el paisaje un poco monótono que traíamos hasta ahora. 
Así que salvamos ese monte y en la caída estaba ubicado el pueblo (otro de los que conforman los nombres de las calles de mi barrio de Aluche de toda la vida). 
Tenía una ermita en lo alto de esa cara del monte y parecía un pueblo interesante ... pero el castillo en cuestión del pueblo estaba unos 18 kilómetros al sur, así que se quedó allí. 

Ya en ese punto y dado que no íbamos a ir al castillo de Consuegra, no quedaba mucho más. 

Así que nos acercamos hasta el castillo de Mora que no prometía mucho y pensamos en parar posteriormente en Ocaña para completar la jornada. 

De paso hicimos un drive-through por Manzaneque que tenía una torre, pero sólo eso, nada interesante, ni siquiera valorable como castillo. 


En Mora si que encontramos un pueblo grande, con movimiento, y con una bonita plaza con iglesia, jardines y un edificio como de casino raro. 

El castillo estaba a unos 2 kilómetros del pueblo en una colina, pero ni se podía llegar muy bien hasta él y además estaba muy derruido, así que sólo pasamos por la carretera más próxima y lo divisamos. 

Y ya desde allí atravesando olivares hacia Ocaña. 

Pasamos por Tembleque (tercer pueblo con nombre de calle en Aluche), pero no paramos, aunque posiblemente el pueblo tuviera algo interesante. 
Y ya llegamos a Ocaña, bastante alejado de dónde habíamos estado ya que la provincia de Toledo es muy grande, sobre todo de oeste a este. 
Allí estuvimos en su muy interesante Plaza Mayor, nos acercamos a la Fuente Vieja y dimos un paseo por sus calles, con alguna iglesia y con bastante encanto en general. 





Y con ello concluyó la jornada de Castillos y algo más por la provincia de Toledo. 

miércoles, 7 de marzo de 2018

Hoz del río Dulce - Cascada del Gollorio - Pelegrina (Guadalajara)


Aprovechando un día libre de diario y las numerosas lluvias acaecidas en los últimos días fui en busca de alguna cascada. Igual que en EEUU hay cazadores de tornados se puede decir que a veces mi hermano y yo nos convertimos en cazadores de cascadas.

Esta la tenía apuntada desde hace tiempo, ya que no está muy lejos de Madrid y se puede hacer en una mañana que es el tiempo que disponíamos.

La ruta se localiza en la pedanía de Pelegrina, en Guadalajara, pueblo muy próximo a Sigüenza y del que recuerdo haber estado hace 25 años en mi viaje de fin de curso de la EGB

Tras llegar al pueblo con unas condiciones complicadas, frío, lluvia y viento, aparcamos el coche a la entrada. No vimos a nadie en todo el trayecto ni en el pueblo, una gran ventaja de poder salir a hacer una ruta de senderismo un día de diario.

Nada más aparcar y entrar en el pueblo sale a la izquierda el camino de la ruta que discurre por la hoz del río Dulce. Bajamos por una pista asfaltada hasta encontrarnos al ras del río que viene con bastante agua.




Enseguida formaciones rocosas curiosas y erosionadas a ambos lados nos van encajonando. Discurrimos dejando el río a nuestra derecha hasta que encontramos un pequeño puente de madera que tenemos que cruzar para seguir por el otro lado.




En el otro margen dejamos una caseta que utilizaba el gran naturalista Félix Rodríguez de la Fuente como sitio para guardar utensilios para la filmación de sus documentales, ya que utilizó esta zona con frecuencia, y una vez hecha la ruta se entiende por qué.

Ya al otro lado del río, seguimos el color azul de nuestra ruta hasta que en un punto encontramos un panel informativo y una bifurcación. En ese momento podemos elegir seguir al margen del río para llegar al pie de la cascada o empezar a ascender para llegar a la parte alta.

Nosotros decidimos de primeras seguir bordeando el río. El camino está muy bien delimitado, y salvo alguna zarza más crecida que nos pueda obligar a encorvarnos y el numeroso barro acumulado por las lluvias no tiene ninguna dificultad.



Ya estando próximos a la cascada, hay que tener cuidado porque el camino se hace menos visible, pero llega un momento que no podemos seguir bordeando el río, no os empeñéis en trepar un par de piedras, porque al menos cuando fuimos estaban resbaladizas y peligrosas. Hay que girar un poco a la derecha, aunque no se vea bien el camino y ganar un poco de altura, para luego volver hacia el cauce del río, hasta que encontramos un camino que baja nuevamente hasta el río ya casi encima de la cascada.

Bajamos, pero no nos fue posible llegar hasta el pie de la cascada. El volumen de agua que brota de ella, hace que abajo esté todo prácticamente anegado y no se pueda acceder a la misma, a no ser que uno quiera ir avanzando con el agua hasta las rodillas.




Así que visto lo visto, volvimos a trepar un poco y llegamos hasta un saliente de piedra, parecido a un púlpito en el que contemplas la cascada cara a cara, con un torrente de agua espectacular.



Momento para reponer fuerzas y quedarse boquiabierto ante el paraje, en un pueblo semi abandonado, sin una persona alrededor.

Teníamos curiosidad por llegar a la parte de arriba, pero además de que hacerlo deshaciendo el camino hecho hasta ese momento iba a ser largo y quizás complejo, decidimos explorar un poco más arriba en el anfiteatro que forma la hoz en la zona de la cascada, y aunque parecía complejo, al final encontramos lo que me había parecido leer en la descripción de algún compañero al que agradecer los detalles, una cadena anclada en la piedra para salvar un pequeño trozo vertical, de unos dos o tres metros, para llegar a la parte de arriba del anfiteatro y a la ruta que dejamos más atrás cuando se bifurcó.




Nos acercamos al sitio justo en el que el río se precipita por la cascada, que sorprende por lo estrecho que se hace. Dejamos sin visitar el segundo mirador en el margen derecho de la cascada y nos paramos en el otro que ya está en el camino de vuelta, que hicimos por la parte de arriba.



Desde allí se puede ver todo, el río antes de caer por la cascada, la cascada, toda la hoz, el anfiteatro y a lo lejos el mirador creado con el nombre de Félix Rodríguez de la Fuente.




Volvimos por la parte alta de la ruta, un camino muy sencillo, bien marcado que puede hacer cualquier persona yendo tranquilamente, ya que de subida tiene desnivel y volvimos a Pelegrina sin más paradas ya.

Desde allí nos acercamos al mirador que está 1 kilómetro más allá desde donde también se ve la hoz y la cascada de frente, un bonito mirador.




Para completar la media jornada nos acercamos a Sigüenza, para dar un paseo rápido y ver su castillo, su catedral y sus calles, ya que hacía muchos años que no estaba, y reponer fuerzas en forma de alimentación antes de regresar a Madrid con una gran sensación de alegría por la mañana disfrutada.




martes, 28 de febrero de 2017

Burgos en 5 días - Día 5






Para el último día, pensando ya en el cansancio acumulado, había dejado la parte más tranquila y menos extensa del viaje, visitar la capital por la mañana y algunos monumentos o pueblos cercanos antes de emprender viaje de vuelta a Madrid.

Así que después de desayunar y pasar por tres iglesias muy próximas al hotel, accedimos por la Puerta Real a la Plaza de la Catedral. Ya la teníamos más que vista de noche, muy bien iluminada, pero estando al lado había que empezar el recorrido por allí.
Desde allí trepamos hasta el castillo y sus alrededores desde donde se contemplaba toda la ciudad con la catedral en primer plano, porque realmente el castillo en si no vale mucho.
Con el mapa en la mano descendimos para salir por el arco de acceso, parte de la antigua muralla, para llegar a la zona más alejada del casco antiguo donde había un par de iglesias y otro edificio interesante.

Desde allí camino de vuelta, pasando por esculturas, que había unas cuantas, bordeando el río y pasando frente a algún edificio más interesante, pero bueno, aunque fuera de noche realmente ya lo habíamos visto prácticamente todo.





Dentro de la ciudad todavía nos quedaba acudir al Monasterio de las Huelgas, pero primero visitaríamos otras dos edificaciones religiosas.
Descartado el yacimiento de Atapuerca, nos acercamos hasta el Monasterio de San Pedro de Cardeña, a unos 15 kilómetros de Burgos.
El edificio destaca por sus enormes proporciones y su tranquilo y aislado emplazamiento, aunque desde fuera no se pudiera apreciar bien y cuando llegamos todavía no estaba abierto al público. Desechamos la exhaustiva visita por el tiempo que nos iba a llevar y lo que nos podría alterar el plan establecido.




Así que desde ahí nos dirigimos a la cercana Cartuja de Miraflores. Un bonito edificio por fuera y que esta vez si que visitamos por dentro. Sólo cobraban la voluntad por entrar y aunque la estancia era relativamente rápida de ver, fue digno de acceder y por lo menos cubrimos con ello la no visita de San Pedro de Cardeña.
Con una bonita Custodia y la tumba de dos Reyes junto a ella, también poseía una exposición con alguna pintura interesante.




Desde allí retornamos por última vez a Burgos para visitar el Monasterio de las Huelgas, ya que nos pillaba en dirección Oeste, hacia donde luego nos tendríamos que dirigir. Era domingo y había gente. Fuimos a acceder, a pesar de que los 6 euros parecían excesivos, pero la media hora restante hasta el siguiente pase y la hora que duraba la visita nos hicieron declinar la entrada. Al fin y al cabo es más fácil volver a Burgos que no a alguno de los pueblos o rincones desperdigados por su provincia.
Realmente el aspecto del Monasterio era atrayente por fuera y seguramente hubiera sido fantástica su visita por dentro pero quedará para otra ocasión.




Así que cogimos la autovía que lleva a León rumbo a Sasamón. Al lado derecho de la autovía y a tan solo un kilómetro se divisaba la estampa del pueblo, con su imponente iglesia en lo alto. Con un par de ermitas nada destacables nos dirigimos hacia la iglesia. Allí se situaba además la Plaza del Ayuntamiento con una bonita fuente en su centro.
Con un fuerte aire desagradable contemplamos aquel bonito rincón y su iglesia.
Después de ello bajamos en busca de un puente no románico si no romano que se hallaba en sus proximidades.
Avistamos el arco en ruinas, portada de una antigua iglesia y próxima el citado puente, en bastante mal estado, pero al fin y al cabo un vestigio de aquella época.




Muy próximo a Sasamón, pero al otro lado de la autovía, estaba la localidad de Olmillos de Sasamón, donde había que contemplar su Castillo, muy bien conservado, pero hasta el punto de llegar a parecer un castillo moderno. Al fin y al cabo había pasado a ser algo privado y ni se podía visitar. Poco más había que ver allí, así que tras comprar unos Quesos de Sasamón que hacía tiempo tenía ganas de probar y un intento fallido por comer nos fuimos.




Como el intento de comer había sido fallido, recuperó parte en el planning del día Melgar de Fernamental, ya que en principio al ser más grande parecía garantizar sin problemas el comer.
Así que hasta allí nos dirigimos, ya al borde del Pisuerga y de la provincia de Palencia.
Nos dirigimos directamente a comer en un restaurante que tenía varios carteles anunciándose desde calles adyacentes y tuvimos suerte.
Resultó ser un comedor super acogedor, apartado del bar en sí, donde pese a ser domingo comimos prácticamente a la carta, ya que había mucha variedad y lo hicimos por 15 euros, con postre y café incluidos.

Bastante hinchados por la comida dimos un rápido paseo por el pueblo visitando sus dos iglesias y declinamos acercarnos a un puente que había sobre el río ya que empezaba a ser tarde y todavía quedaba un sitio por visitar.




Yendo hacia Melgar habíamos pasado por la localidad de Villasandino, donde habíamos dejado un puente interesante, y los puentes no se perdonan.
Así que rumbo a Castrojeriz paramos allí y contemplamos el puente junto a la iglesia en un pueblo chulo pero prácticamente deshabitado.

Ya solo quedaba Castrojeriz para dar por finalizado el viaje como tal. Llegamos rápidamente y dejamos el coche en una calle estrecha en el centro, junto a la iglesia. Recorrimos dicha calle hasta el final, pasando por la plaza del Ayuntamiento y llegando a un balcón desde el que contemplar el pueblo y más allá. Con el castillo en ruinas en lo alto volvimos paseando por una calle más abajo topándonos con varios alojamientos para peregrinos del Camino de Santiago y varios bares para comer. El pueblo tenía más vida de lo que parecía.




Pero yo tenía grabada una imagen del paso del pelotón de la Vuelta a Burgos por Castrojeriz, los arcos de una especie de iglesia por debajo de los cuales pasaba la carretera. Tras buscar por internet y descubrir que había tres conventos en un radio de tres kilómetros, comprobé que el que quería visitar era el de San Antón.
Así que recorrimos esos tres kilómetros y llegamos al lugar, el convento está bastante ruinoso, pero no deja de ser interesante de apreciar.

Así que ese sí era ya el punto final de visita de la provincia. Deshicimos los tres kilómetros hasta Castrojeriz y fuimos empalmando carreteras hasta alcanzar la autovía en la localidad de Lerma, dejando a nuestro paso un puente interesante en la localidad de Tordómar, y ya desde aquí por la A-1, previo gran atasco en la provincia de Madrid, hasta llegar a casa.



Burgos
Monasterio de San Pedro de Cardeña
Cartuja de Miraflores
Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas
Sasamón
Olmillos de Sasamón
Melgar de Fernamental
Castrojeriz