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domingo, 14 de julio de 2019
Pirineos día 1
Dado que el primer día iba a estar prácticamente dedicado el viaje creí conveniente aprovecharlo para realizar alguna parada en sitios interesantes de la provincia de Huesca, así que tras conducir hasta Zaragoza y posteriormente hasta Huesca capital nos dirijimos primeramente al castillo de Loarre.
Por el camino un indicador de una colegiata en lo alto del pueblo de Bolea nos hizo hacer la primera parada verdadera.
Como era muy complicado alcanzarla en coche, un par de simples fotos que el calor apretaba y las prioridades eran otras.
Así que nos fuimos acercando al castillo, y según íbamos divisándolo su estampa y su ubicación le hacían todavía más impactante.
Para mi uno de los mejores castillos de España sin duda y su emplazamiento magnífico.
Así que llegamos, lo vimos por fuera sin entrar dentro para no perder todo el día, comimos algo allí mismo y seguimos rumbo hacia otro destino que tenía muchas ganas de ir, los Mallos de Riglos.
Antes paramos un momento en el municipio de Ayerbe, un sitio bastante chulo. Seguimos para unirnos ya al curso del río Gállego y empezar a divisar las formidables formaciones rocosas que son los Mallos de Riglos.
Llegamos hasta un mirador que hay poco antes de llegar al pueblo de Riglos, cuya carretera no tiene salida y con esas vistas nos conformamos, seguramente no las habría mejores.
Para comparar nos fuimos a los cercanos Mallos de Agüero y la verdad que no son como los de Riglos, pero el pueblo escondido es muy chulo también.
Pasamos por el bonito embalse de la Peña, una zona ya con más aspecto prepirenaico y nos dirigimos al Monasterio de San Juan de la Peña.
Pero al paso por Bernués vimos un impactante puente y esas obras arquitectónicas no se pueden dejar escapar sin parar.
Así que después de muchas curvas llegamos al Monasterio nuevo de San Juan de la Peña, un sitio interesante a la salida de un bosquecillo, donde además hicimos una pequeña ruta que lleva hasta la parte alta del Monasterio antiguo y por otro lado al balcón de los Pirineos, con unas fantásticas vistas aunque difuminadas del valle de Jaca y de las montañas.
Pasamos junto al monasterio antiguo y descendimos hasta Jaca, allá por el 89 o 90 lugar de destino de campamento del que guardamos un gran recuerdo y al que en algún momento habrá que volver, ya que además de cambiar apenas vimos nada.
Junto a Jaca la imponente peña de Oroel, dónde hicimos una excursión en aquel campamento y aunque a mi por edad no me dejaban subir conseguí convencer
a mi monitor para que me dejara y es una ruta que me gustaría repetir algún día.
Compramos unas cosas para cenar y comer al día siguiente en un Mercadona de Jaca y nos dirigimos hacia Sabiñánigo para cruzar a Francia por el puerto del Portalet.
Desde Sabiñánigo pasamos por Biescas, con una impresionantes paredes de piedra junto a él y fuimos remontando el curso alto del río Gállego, pasando por Hoz de Jaca, Lanuza y llegar hasta el último pueblo, Sallent de Gállego, un pueblo de postal y aunque tendrá un clima duro ubicado en un
sito super bonito.
Pasamos Formigal y coronamos el puerto donde ya se avistaban frente a nosotros numerosos picos imponentes.
A la derecha de la cima, detrás de unas rocas se intuía un poco de niebla, y así fue, en cuanto empezamos a bajar nos metimos de lleno en la niebla y ya no la abandonamos, mal presagio para nuestras vacaciones.
Descendimos todo el valle de Osseau sin apreciar nada y cuando llegamos a Laruns tomamos el desvío hacia el Col del Aubisque, la carretera más rápida o la única sin tener que dar un inmenso rodeo para llegar a nuestro destino en Argeles-Gazost.
Entre la niebla fuimos subiendo, pasando por Eaux-Bonnes y Gourette pero sin ver nada del paisaje que luego resultaría espectacular.
Coronamos y como no se veía nada seguimos hacia adelante, no más rápido de 30 por hora.
Como íbamos tan despacio unos cuantos minutos después alcanzamos el Col del Soulor y yo pensé que nos habíamos equivocado, pero mirando el mapa estaba todo en orden, ni nos habíamos dado cuenta de la carretera y el precipicio por el que habíamos pasado.
Pues ahora sí, con mejor carretera pero con la niebla, ya estábamos casi.
Así que llegamos a Argeles-Gazost y nos alojamos en nuestro hotel para las próximas cuatro noches, sin poder hacer mucho más que cenar, descansar y planificar la jornada del día siguiente.
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viernes, 9 de marzo de 2018
Cascadas Valle del Jerte
Aprovechando el segundo día libre, entre semana, y la época de lluvias me lancé a conocer una zona, que sin estar muy lejos aparentemente de Madrid (al final se tarda mucho en llegar) no conocía.
Sé que no estoy descubriendo nada y que ya hay bastantes entradas en internet sobre estas rutas, a los cuales doy las gracias por darlas a conocer, pero cuanto más se difunda más podrá enterarse la gente de lo que para mí es una maravilla de la naturaleza.
El destino era el valle del Jerte, y el plato fuerte el barranco de Nogaledas, pero para abrir boca haríamos otro par de paradas previas.
Saliendo de Madrid por la carretera de Plasencia (la de los pantanos) que está al lado de mi casa fuimos acompañados de un tiempo lluvioso, transitando todo el valle del Tiétar, que estaba más verde que nunca, hasta llegar a Candeleda, uno de los pocos reductos de la provincia de Ávila que no conozco, donde hicimos una rápida parada para tomar un café y echar gasolina.
Enseguida entramos en la provincia de Cáceres por la comarca de la Vera, a la que otro día espero dedicar una ruta para visitar sus pueblos. Mientras, sólo pude observarlos mientras conducía, a los pies de la cara sur de Gredos, no pensaba que estuvieran tan pegando a la montaña, con numerosas gargantas bajando de las montañas, con pueblos muy cuidados, como los jardines de Losar, el castillo de Jarandilla de la Vera, o el monasterio de Yuste, en la localidad de Cuacos de Yuste, donde nos desviamos dirección Garganta de la Olla.
Aquí tenía pinta de haber una garganta bajando de la montaña con un buen torrente de agua y se divisaba una cascada a lo lejos, no sé exactamente a que distancia, pero como no estaba en el plan y la mañana iba avanzando se quedó en el tintero para otro día.
En Garganta de la Olla tomamos la carretera que a través del puerto del Piornal nos iba a permitir acceder al otro valle, el del Jerte.
Por una carretera mala por momentos, y con algún susto del coche, fuimos recorriendo un bonito paraje, sin dejar de caer agua continuamente por la falda de la montaña y con nieve ya en la parte alta, sin toparnos prácticamente con nadie en toda la carretera.
Ya en el descenso teníamos nuestras primeras paradas. Con el día más claro y agradable desde que entramos en Cáceres, pasamos por el pueblo de Piornal, el de mayor altitud de toda la provincia y tras descender unos kilómetros, en una curva cerrada a la izquierda sale un camino a la derecha con un cartel pequeño, hay que ir muy despacito para verlo, que pone Cascada del Calderón. Dejamos el coche unos 100 metros más alante en un pequeño saliente de la carretera y nos fuimos a por ella. Había que recorrer apenas un kilómetro.
Esta cascada la había descubierto la noche anterior a última hora buceando por internet y no parecía tener mucho desnivel ni ser muy espectacular ... pero cuando llegamos allí, era todo lo contrario, un torrente de agua extremo y una buena pendiente que formaban un salto de agua espectacular.
El siguiente salto de agua lo formaba la misma garganta un poco más abajo, en la llamada cascada del Caozo. Bajando con el coche, en la siguiente curva cerrada a la izquierda sale una carretera asfaltada a mano derecha sin indicar, pero que es la única que veremos antes de llegar a la población de Valdastillas, así que no tiene perdida.
Quizás un día de diario sea complicado porque hay muy pocas plazas de aparcamiento, pero al ser día de diario sólo nos topamos con un matrimonio que se iban en ese momento, así que quedó la cascada para nosotros solos.
Más vertical la caída de agua que en la anterior, y por tanto con más violencia, aunque me gustaba más donde estaba enclavada la primera.
Con una pasarela para situarte al lado de la cascada, que a algunos les puede disgustar y a otros no, pero el caso es que con la cantidad y violencia del agua, todo alrededor estaba empapado y las rocas resbaladizas, y quizás en este caso si que nos vino bien para podernos acercar tanto a la cascada.
La verdad, que difícilmente se podrá disfrutar estas dos cascadas con tanto agua como lo hicimos nosotros, hemos sido unos privilegiados.
Al coche y hacia el cercano pueblo de Navaconcejo, donde estaba el plato fuerte del día que mi hermano no se esperaba fuera tan contundente. En el sentido que llevábamos, hay que atravesar el pueblo de Navaconcejo dirección Jerte, y casi al final del mismo hay que cruzar un puente encima del río y ya se empiezan a ver los carteles indicativos de la ruta.
Seguimos las flechas de parking que nos dejan al lado del río Jerte, que baja con un caudal de agua espectacular, parecía un río de los Alpes franceses.
Momento que, al filo de las tres de la tarde, aprovechamos para comer un buen bocata para coger energías de cara a la ruta.
En ese momento volvió a llover y tras comernos el bocata pasado por agua nos entraron dudas de si empezar la ruta o esperar un poco a que remitiera.
Decidimos seguir adelante, bordeando el río hasta el punto en que se le incorpora el agua procedente del barranco de las Nogaledas, donde comienza la ruta, la cual discurre por el lado derecho de la garganta según ascendemos.
La ruta en si, es difícil de detallarla mucho ya que es una sucesión de cascadas, unas más grandes y otras menores pero relativamente parecidas, durante unos dos kilómetros en los que ganamos una altura considerable.
La primera de las grandes, 5 diría yo, nos la encontramos enseguida, y desde entonces con un sendero perfectamente acondicionado para todo el mundo, con barandillas de madera durante muchos tramos y con muchos escalones de piedra para facilitarlo, podéis ir haciendo todas las paradas que os plazcan porque merece la pena.
Según se asciende se van viendo en la ladera un montón de bancales con cerezos, pero si se mira a la otra ladera del valle a lo lejos es más soprendente la altura que alcanzan esas plantaciones. No me quiero imaginar lo bonito que tiene que ser realizar esta ruta con el mismo agua que traía y además con los árboles florecidos.
Pasada la mitad de la ruta llegamos a una carretera con un plano detallado de lo que queda y una ruta alternativa de bajada por el otro lado.
Además del impresionante torrente de agua, los numerosos saltos o cascadas, también hay que destacar la cantidad de musgo reinante y la vegetación que en algunos momentos forman algún bonito paisaje adicional.
La última de las cascadas yo creo que resultó ser la más espectacular, por la violencia con la que caía allí el agua, ya que parecía la más vertical.
En ella han instalado una plataforma para cruzar y para contemplar también la pasarela de frente.
Difícil tomar fotos sin que se empape el objetivo de la cámara con la violencia del agua y las gotas que salpicaban un montón de metros a la redonda.
Desde allí todavía se podía ascender un poco más para contemplar la parte alta de esta última cascada, punto en el cual ya desaparece la ruta, y se queda uno con las ganas de saber que hay todavía más arriba.
En esos momentos estaba cayendo la niebla de manera amenazante, aunque habíamos podido disfrutar de toda la ruta sin ningún problema, ya que dejó de llover al poco de empezar.
Decidimos volver por el otro lado de la garganta, por un camino que no va pegado a la misma.
Al poco de empezar ese descenso, salió un poco el sol y varios arco iris pusieron la guinda a la espectacular jornada que habíamos vivido, otra estampa digna de contemplar de la que fuimos privilegiados.
Hicimos ya el descenso tranquilamente entre bancales de cerezos, también con algunos limoneros y naranjos que estaban hasta arriba de frutas.
Poco a poco íbamos descendiendo, en todo momento con bonitas vistas del pueblo y del valle desde la altura.
En un momento la ruta se acerca un poco a la garganta y se pueden observar simultáneamente varios tramos y varios saltos de agua de la garganta.
Y la ruta llegó a su fin.
Fuimos a tomar algo a un bar para dejar algo en el pueblo por disfrutar de semejante maravilla, aunque no parecía tener mucha oferta en cuanto a bares o sitios para comer.
Y vuelta a Madrid remontando el valle del Jerte, atravesando las últimas estribaciones de la sierra de Gredos por el puerto de Tornavacas, cruzando El Barco de Ávila, Piedrahíta, zona por la que espero ir pronto, Ávila ciudad y hasta Madrid.
martes, 28 de febrero de 2017
Burgos en 5 días - Día 5
Para el último día, pensando ya en el cansancio acumulado, había dejado la parte más tranquila y menos extensa del viaje, visitar la capital por la mañana y algunos monumentos o pueblos cercanos antes de emprender viaje de vuelta a Madrid.
Así que después de desayunar y pasar por tres iglesias muy próximas al hotel, accedimos por la Puerta Real a la Plaza de la Catedral. Ya la teníamos más que vista de noche, muy bien iluminada, pero estando al lado había que empezar el recorrido por allí.
Desde allí trepamos hasta el castillo y sus alrededores desde donde se contemplaba toda la ciudad con la catedral en primer plano, porque realmente el castillo en si no vale mucho.
Con el mapa en la mano descendimos para salir por el arco de acceso, parte de la antigua muralla, para llegar a la zona más alejada del casco antiguo donde había un par de iglesias y otro edificio interesante.
Desde allí camino de vuelta, pasando por esculturas, que había unas cuantas, bordeando el río y pasando frente a algún edificio más interesante, pero bueno, aunque fuera de noche realmente ya lo habíamos visto prácticamente todo.
Dentro de la ciudad todavía nos quedaba acudir al Monasterio de las Huelgas, pero primero visitaríamos otras dos edificaciones religiosas.
Descartado el yacimiento de Atapuerca, nos acercamos hasta el Monasterio de San Pedro de Cardeña, a unos 15 kilómetros de Burgos.
El edificio destaca por sus enormes proporciones y su tranquilo y aislado emplazamiento, aunque desde fuera no se pudiera apreciar bien y cuando llegamos todavía no estaba abierto al público. Desechamos la exhaustiva visita por el tiempo que nos iba a llevar y lo que nos podría alterar el plan establecido.
Así que desde ahí nos dirigimos a la cercana Cartuja de Miraflores. Un bonito edificio por fuera y que esta vez si que visitamos por dentro. Sólo cobraban la voluntad por entrar y aunque la estancia era relativamente rápida de ver, fue digno de acceder y por lo menos cubrimos con ello la no visita de San Pedro de Cardeña.
Con una bonita Custodia y la tumba de dos Reyes junto a ella, también poseía una exposición con alguna pintura interesante.
Desde allí retornamos por última vez a Burgos para visitar el Monasterio de las Huelgas, ya que nos pillaba en dirección Oeste, hacia donde luego nos tendríamos que dirigir. Era domingo y había gente. Fuimos a acceder, a pesar de que los 6 euros parecían excesivos, pero la media hora restante hasta el siguiente pase y la hora que duraba la visita nos hicieron declinar la entrada. Al fin y al cabo es más fácil volver a Burgos que no a alguno de los pueblos o rincones desperdigados por su provincia.
Realmente el aspecto del Monasterio era atrayente por fuera y seguramente hubiera sido fantástica su visita por dentro pero quedará para otra ocasión.
Así que cogimos la autovía que lleva a León rumbo a Sasamón. Al lado derecho de la autovía y a tan solo un kilómetro se divisaba la estampa del pueblo, con su imponente iglesia en lo alto. Con un par de ermitas nada destacables nos dirigimos hacia la iglesia. Allí se situaba además la Plaza del Ayuntamiento con una bonita fuente en su centro.
Con un fuerte aire desagradable contemplamos aquel bonito rincón y su iglesia.
Después de ello bajamos en busca de un puente no románico si no romano que se hallaba en sus proximidades.
Avistamos el arco en ruinas, portada de una antigua iglesia y próxima el citado puente, en bastante mal estado, pero al fin y al cabo un vestigio de aquella época.
Muy próximo a Sasamón, pero al otro lado de la autovía, estaba la localidad de Olmillos de Sasamón, donde había que contemplar su Castillo, muy bien conservado, pero hasta el punto de llegar a parecer un castillo moderno. Al fin y al cabo había pasado a ser algo privado y ni se podía visitar. Poco más había que ver allí, así que tras comprar unos Quesos de Sasamón que hacía tiempo tenía ganas de probar y un intento fallido por comer nos fuimos.
Como el intento de comer había sido fallido, recuperó parte en el planning del día Melgar de Fernamental, ya que en principio al ser más grande parecía garantizar sin problemas el comer.
Así que hasta allí nos dirigimos, ya al borde del Pisuerga y de la provincia de Palencia.
Nos dirigimos directamente a comer en un restaurante que tenía varios carteles anunciándose desde calles adyacentes y tuvimos suerte.
Resultó ser un comedor super acogedor, apartado del bar en sí, donde pese a ser domingo comimos prácticamente a la carta, ya que había mucha variedad y lo hicimos por 15 euros, con postre y café incluidos.
Bastante hinchados por la comida dimos un rápido paseo por el pueblo visitando sus dos iglesias y declinamos acercarnos a un puente que había sobre el río ya que empezaba a ser tarde y todavía quedaba un sitio por visitar.
Yendo hacia Melgar habíamos pasado por la localidad de Villasandino, donde habíamos dejado un puente interesante, y los puentes no se perdonan.
Así que rumbo a Castrojeriz paramos allí y contemplamos el puente junto a la iglesia en un pueblo chulo pero prácticamente deshabitado.
Ya solo quedaba Castrojeriz para dar por finalizado el viaje como tal. Llegamos rápidamente y dejamos el coche en una calle estrecha en el centro, junto a la iglesia. Recorrimos dicha calle hasta el final, pasando por la plaza del Ayuntamiento y llegando a un balcón desde el que contemplar el pueblo y más allá. Con el castillo en ruinas en lo alto volvimos paseando por una calle más abajo topándonos con varios alojamientos para peregrinos del Camino de Santiago y varios bares para comer. El pueblo tenía más vida de lo que parecía.
Pero yo tenía grabada una imagen del paso del pelotón de la Vuelta a Burgos por Castrojeriz, los arcos de una especie de iglesia por debajo de los cuales pasaba la carretera. Tras buscar por internet y descubrir que había tres conventos en un radio de tres kilómetros, comprobé que el que quería visitar era el de San Antón.
Así que recorrimos esos tres kilómetros y llegamos al lugar, el convento está bastante ruinoso, pero no deja de ser interesante de apreciar.
Así que ese sí era ya el punto final de visita de la provincia. Deshicimos los tres kilómetros hasta Castrojeriz y fuimos empalmando carreteras hasta alcanzar la autovía en la localidad de Lerma, dejando a nuestro paso un puente interesante en la localidad de Tordómar, y ya desde aquí por la A-1, previo gran atasco en la provincia de Madrid, hasta llegar a casa.
Burgos
Monasterio de San Pedro de Cardeña
Cartuja de Miraflores
Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas
Sasamón
Olmillos de Sasamón
Melgar de Fernamental
Castrojeriz
viernes, 24 de febrero de 2017
Burgos en 5 días - Día 3
El tercer día tenía que llevarnos a visitar toda la parte noreste de la provincia, la que linda con el País Vasco en su mayor parte, con una gran variedad de cosas a ver.
Tras el segundo desayuno partimos por la nacional paralela a la autovía que comunica Burgos con Vitoria y cuya primera parada debería ser la cuarta localidad más poblada de la provincia, Briviesca. Al cabo de unos kilómetros nos adentramos en una espesa niebla que según iban pasando los kilómetros, lejos de desaparecer parecía más intensa.
Así que en plena niebla nos plantamos en Briviesca. Aparcamos sin ningún problema muy céntricos y tras dar un paseo por las calles que unen la colegiata con la Plaza Mayor en la cual está su ayuntamiento y otra bonita iglesia hicimos una parada en un bar para tomar algo caliente y reanudamos la marcha dirección a Miranda de Ebro.
Por medio, con un poco menos de niebla, atravesamos el desfiladero de Pancorbo, el más conocido, pero visto lo visto de los más cortos y menos angostos de la provincia. Aunque me hubiera gustado parar en el puerto iba un poco empanado y se me pasó, así que seguimos ya rumbo a Miranda.
En Miranda parábamos casi porque es el segundo núcleo de población más importante, no porque tenga nada especialmente interesante o llamativo. La parte antigua estaba al otro lado del río Ebro, y allí, un castillo muy soso al que decidimos no ir, una especie de convento o monasterio, una iglesia y un puente con unos leones fue todo lo que vimos, con unas aceras peculiares y peligrosas, ya que están al mismo nivel que la zona por la que deben circular los coches y estos a pesar de ser el casco antiguo, estrecho y de adoquín en vez de asfalto, iban bastante deprisa.
Desde allí retrocedimos ligeramente a la próxima Santa Gadea del Cid, extrañamente casi en Vitoria, y lugar en el que el Cid hizo su juramento. Por carreteras poco transitadas y todavía con la niebla como compañera de viaje llegamos al pequeño pueblo. Situado en una llanura con un pequeño montículo en el que se asentaban los restos del castillo. El pueblo era bonito, con varias construcciones interesantes y con la mayoría de casas y calles con cierto encanto. Lo recorrimos casi en su totalidad y continuamos el camino hacia el norte buscando el Salto del Nervión.
Atravesamos durante unos kilómetros la provincia de Álava donde pasamos junto a algún puente chulo en el que no paramos y junto a una especia de castillo parecido a la Torre de Mendoza en el que hicimos una breve parada para continuar la marcha rumbo a la localidad de Berberana, un entrante que hace la provincia de Burgos en la provincia de Álava.
Cuando llegamos paramos en el único bar que debe existir allí ya que el pueblo cuenta con apenas 80 habitantes y tomando un café le pregunté a la chica si traía agua el Salto del Nervión a lo que me dijo que le constaba que no, que hacía dos días si pero que como no había vuelto a llover ya no.
Subimos en dirección al espacio natural del Monte Santiago, muy cerca del Puerto de Orduña y de Álava y rápidamente llegamos al aparcamiento junto a la carretera desde el que acceder a la zona.
La niebla en ese momento era bastante densa.
Aunque inicialmente aparcamos allí, al final decidimos entrar en coche por la pista, en muy mal estado por cierto, por lo menos para las características de mi vehículo. A los pocos metros, como por arte de magia, la niebla se disipó completamente y el cielo quedó en un color azul radiante.
Tras recorrer más de dos kilómetros llegamos al último aparcamiento que distaba aproximadamente otros dos kilómetros a pie del punto donde contemplar el Salto del Nervión.
Fuimos paseando por una senda entre un bonito bosque en vez de por la pista oficial para salir a ésta más adelante, a unos 800 metros del destino.
Y allí llegamos finalmente, a un sitio espectacular y sobrecogedor, un sitio que se debería visitar una vez en la vida, lástima que nosotros lo hicimos sin el aliciente del agua precipitándose al vacío. No se puede tener todo, que haga un día estupendo y a la vez que haya agua abundante.
Allí, subidos al mirador, colgando del vacío se contemplaba el impresionante hueco que se habría de repente en la tierra, y un bonito valle al fondo.
Se veía el cauce por el que debería bajar el agua de lluvia o de deshielo o nieves fundidas, en el cual quedaba algún charco, pero no corría para precipitarse por esos 200 metros de caída libre.
Asombrados por la belleza del sitio volvimos al coche. Era la hora de comer prácticamente y paramos de nuevo en Berberana, en el mismo bar que al pasar antes. Como era tarde, había que comer y no sabíamos donde íbamos a encontrar otro sitio para hacerlo, decidimos comer allí.
Quedaban muchas cosas marcadas en el plan del día y no mucho tiempo. Así que cogimos la carretera nuevamente. Llegamos a la bifurcación con el Valle de Mena a la derecha y el Valle de Tobalina a la izquierda. Villasana de Mena no entraba en los planes por lo lejos que se encontraba, pero si que había allí próxima una cascada en el Valle de Angulo que desestimamos por falta de tiempo y por la posibilidad de que tampoco tuviera agua como el Salto del Nervión.
Así que giramos ya en dirección Burgos para completar el plan del día. Recorrimos el apacible valle hasta llegar a la localidad de Pedrosa de Tobalina, donde había una bonita cascada en el propio pueblo. Y vaya si era bonita. Una especia de cataratas del Niágara en miniatura por lo amplio de la zona de caída del agua. Pudiéndolas contemplar al pie de las mismas y justo también a ras de caída del agua. Una maravilla y encima atravesando el propio pueblo y al lado de la carretera, algo casi insólito.
Con una buena dosis de energía por el magnífico sitio recién contemplado seguimos en dirección a Frías, uno de esos sitios que tenía ganas de conocer casi desde que era pequeño, ya que me dejó prendado la ubicación y forma de su castillo.
Ya empezando a atardecer llegamos al pueblo, encajado entre varias montañas, pero antes paramos abajo en el valle por el que discurre el río Ebro a sus pies donde se encuentra el espectacular puente de la localidad, en curva, inmenso y perfectamente conservado, seguramente el mejor puente visto en el viaje.
Tras deleitarnos con él con la silueta del castillo de fondo subimos al pueblo, donde por la calle principal subimos hasta la iglesia y el castillo. Una maravilla de pueblo y de enclave, con unas casas colgadas al estilo de Cuenca.
Estaba poniéndose el sol y todavía quedaban cosas, en especial yo tenía mucho interés por el colindante Tobera, un sitio que había encontrado por internet y que me atraía mucho, ya que pensaba que era un paseo largo. Llegamos en 5 minutos allí. Paramos junto a la ermita que hay adosada a una pared de piedra y empezamos el descenso del Paseo del Molinar, que aunque yo creía que era largo y fuera del pueblo, en realidad transcurría por el mismo y apenas tenía 300 metros.
Durante ese recorrido encontramos dos bonitas cascadas, con un puente y un mirador. Además las dos cascadas diferentes, mientras una se deslizaba por entre la piedra, la otra suponía un salto de agua al vacío. Aunque inicialmente un poco decepcionado por la idea que me había hecho del mismo, finalmente me pareció fantástico el Paseo del Molinar.
Ya tan solo quedaba Oña para completar el planning del tercer día. Así que por una carretera prácticamente vecinal y en un muy mal estado nos adentramos en otro desfiladero al final del cual se encontraba el pueblo de Oña, con su monumental monasterio dominando el pueblo.
Otro pueblo rodeado por montañas y con un desfiladero. Uno cuando mira el mapa no se intuye eso.
Tenía más vida que muchos de los visitados y dio una sensación de un sitio bastante agradable y chulo para vivir. Desde la carretera pegada al río ascendimos por las calles del pueblo hasta el monumental Monasterio y sus alrededores donde se concentra la mayor parte del atractivo del pueblo, y vaya que si lo tiene.
Ya era de noche, pero como no quedaba nada más por ver no había prisa por volver, así que con calma y andando despacio dimos un paseo por el pueblo y pusimos fin a la lista de sitios a visitar para esta tercera jornada.
Volvimos al coche y pusimos rumbo a Briviesca para coger la Nacional de vuelta a Burgos donde llegamos más tarde y un poco cansados, así que solamente Fede salió a darse una vuelta por Burgos.
Briviesca
Miranda de Ebro
Santa Gadea del Cid
Salto del Nervión
Pedrosa de Tobalina
Frías
Oña
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