jueves, 24 de mayo de 2018

Ruta Chorrera de San Mamés desde Navarredonda



Intentamos hacer una visita a la Chorrera de San Mamés por una ruta diferente a la habitual, que creo que es más o menos conocida y que parte desde el pueblo del mismo nombre, y lo intentamos desde el vecino municipio de Navarredonda, separado tan sólo un par de kilómetros.

Hay que decir que es apta para gente preparada y con poco miedo a las zarzas, en total fueron unos 22 kilómetros en casi 4 horas.

Había encontrado una breve descripción de como hacerlo, pero resultó ser muy poco precisa y nos llevó a emplear mucho tiempo en orientarnos y ponernos sobre la pista de la chorrera.

En principio saliendo desde la iglesia de Navarredonda situada junto a la plaza del ayuntamiento, enseguida llegamos a una fuente dentro del pueblo, momento en el cual giramos a la derecha. Nada más girar el camino se divide en dos, deberemos coger el de la izquierda que circula entre dos muros de piedra hasta llegar pasados unos cinco minutos hasta los dos depósitos de agua del municipio.





Atravesamos un paso canadiense y seguimos de frente pero aquí es donde se empieza a complicar la orientación.
En teoría la Cascada está muy a la derecha de donde nos encontramos en ese momento, y tenemos que intentar alcanzar un camino que hay bastante más arriba, pero no es sencillo por el alto número de zarzas que nos bloquean completamente en muchos momentos el seguir ascendiendo.

Así que en vez de seguir rectos próximos al arroyo que tenemos a mano izquierda como decían las indicaciones que poseía, es mejor empezar a girar a la derecha siempre subiendo ya que es por donde al final conseguimos abrirnos paso de manera más sencilla entre tanta zarza y ortiga.



Desde aquí empezar a ir girando a la derecha mientras subimos



Vistas del valle del Lozoya mientras ascendemos



Digamos que sobre el mapa la línea roja es la ruta que hicimos hasta empalmar el camino señalizado, la línea marrón el camino recomendado por mi hasta llegar al camino señalizado y la línea verde el de la fuente que había consultado, pero que al final va a unirse prácticamente con el oficial y le quita todo el atractivo de la parte alta.




La forma más fácil de saber donde coger el camino es cuando nos encontramos con una pequeña garganta que salvar, en cuyo momento, si todavía no hemos llegado al camino hay que subir entre un tupido bosque hasta dar con él.




Fede ya en el camino con vistas de fondo entre el bosque


Este no es el camino oficial que aparece en Google Maps, que es casi paralelo a éste, y que no sé desde dónde viene. Está casi cubierto de hierba más que ser de tierra. Estamos casi a 1600 metros de altitud que no es ninguna tontería.
Después de un rato andando el camino va girando hacia la izquierda para buscar la garganta en la que se encuentra la cascada y un poco más adelante se une con el camino oficial (a nuestra izquierda) que si aparece en Google Maps.



Un tramo del camino


En ese momento si veis el mapa, estamos ya cerca de la chorrera, pero para llegar hasta ella tendremos que andar bastante, ya que hay que seguir el camino hasta un puente que cruza la garganta y después bajar por la otra vertiente, que en muchos puntos se aleja bastante de la garganta.



Cerca de la Garganta y de la Chorrera ya, pero sin cruzar todavía el otro lado


Aunque mirando el mapa la sensación es que uno se está alejando de la cascada y que no la vamos a ver, cuando lleguemos a una zona de descenso pronunciado y con un par de eses en el camino estaremos realmente cerca de nuestro objetivo.
En la segunda ese, donde marco con el triángulo morado en el mapa, sale un camino bien marcado y señalizado con postes que nos marca la Chorrera a 750 metros.



Bajando hacia las eses mencionadas



Lugar del desvío hacia la Chorrera



Por este camino hasta bien cerca no se puede divisar, pero ya una vez avistada se obtiene la recompensa deseada.
En una lancha a unos 50 metros de la misma merendamos y reponemos fuerzas rápidamente, ya que la tarde se está echando encima y cuando una pareja de personas mayores y su perro abandona el entorno nos acercamos al pie de la cascada.







Allí salvé una caída a lo Marc Márquez en Moto GP, o sea que llegué a estar literalmente en el suelo pero con pericia evité un trompazo serio y caer al agua.

Eran las 20.15 aproximadamente, no quedaba mucha tarde ni mucho tiempo de luz, así que tras deshacer esos 750 metros hasta el camino oficial donde marcaba 3,5 kilómetros hasta San Mamés no pusimos a trotar hasta prácticamente la entrada al pueblo, desde donde ya por la carretera regresamos a nuestro punto de partida en Navarredonda, ya empezando a caer la luz.

Ya sólo quedaba volver, aunque el atropello involuntario de un pobre pájaro ya en la carretera del valle del Lozoya me dejó un gran amargor a una gran tarde de senderismo.

viernes, 27 de abril de 2018

Cascadas del puerto y pueblo de Canencia



Hace poco volví a realizar la ruta de la Cascada del Purgatorio, desde el Monasterio del Paular en Rascafría, pero es una ruta muy conocida en Madrid que no tiene sentido aquí, ya que intento mostrar cosas menos conocidas y por la marea de gente que nos encontramos evidentemente la conoce o la puede encontrar detallada cualquiera.
De hecho no tiene ninguna pérdida, se empieza en el puente del Perdón frente al Monasterio y en todo momento está señalizada y no hay confusión posible.

Quizás también conocida, pero no tanto es la Cascada de Mojonavalle en el puerto de Canencia.



Mapa topográfico con la señalización aproximada con flecha roja de las dos cascadas a visitar



Llegando desde Miraflores de la Sierra al puerto, pasados 100 metros encontramos un área recreativa tanto a izquierda como a derecha, con parking y fuentes en ambos lados.

La ruta hacia la cascada parte del aparcamiento de nuestra izquierda.
Desde ahí una pista completamente apta para bicicleta de montaña y para personas, la cual seguimos durante unos dos kilómetros, pasamos un chozo a mano derecha y vamos flanqueados a ambos lados por un bosque de árboles,








hasta que encontramos una casa forestal, justo desde la que sale una bifurcación a mano derecha.

Si tomamos esa bifurcación por un camino más estrecho llegamos a la parte de abajo de la cascada, supongo que por arriba se llega a lo alto de la misma, pero no lo comprobamos.




Llegamos al pie de la cascada y trepamos hasta la mitad para obtener diferentes vistas.





Deshacemos el camino andado y bajamos hasta el pueblo de Canencia (hay puerto, pueblo y río, o arroyo más bien, con ese nombre) para buscar la otra cascada, esta seguro mucho menos conocida.

Justo cuando llegamos a la altura del río que atraviesa el pueblo tomamos la calle a mano derecha justo anterior, junto a una fuente con un banco y con una mansión enfrente llamada Villa Tinita, con cuya dueña estuvimos hablando luego.

Aparcamos al final de esa calle y ahí empezamos la ruta.
Justo al pasar una puerta con un paso canadiense podemos decidir por donde ir.



Por la izquierda va el camino, que en principio es la ruta más razonable, pero yendo por ahí tampoco es tan sencillo, yo por lo menos volví con bastantes arañazos por las zarzas (aunque realmente nosotros no hicimos eso por desconocimiento, si no que fuimos vadeando el arroyo más bien).


Imagen del camino que hay que seguir


Por la izquierda hay que cruzar un puente para pasar al otro lado del arroyo, seguir el camino que va por encima del mismo hasta llegar a un mini embalse con un puente que lo cruza. En ese punto se juntan dos arroyos y tenemos que seguir el de la derecha, de hecho posiblemente desde ahí ya se divise la cascada.

Hay diferentes hitos de piedra a partir de ese momento pero no siempre son visibles y eso no significa que el camino sea fácil.


Desde aquí la cascada a mitad de camino con Fede y Noelia.


Después de atravesar algunas zarzas, zonas de barro o pasos un pelín complicados, no mucho, llegamos a la altura de la cascada, a la que no es nada difícil descender para contemplarla desde su base.




Después de deleitarnos decidimos volver por lo que era la parte derecha desde el inicio de la ruta, donde sólo se veía un monte con mucho desnivel, pero realmente desde la cascada, después de subir un poco para alcanzar la zona más alta de la cresta, luego el camino es cómodo, por praderas y se van viendo bonitas vistas del valle que forma el arroyo de Canencia, así como del Valle del Lozoya y los picos que lo separan de la provincia de Segovia.








Sólo el fuerte desnivel final que hay que salvar que te va cargando los cuádriceps y las rodillas le da un poco de pesadez, así que igual es más recomendable hacer la ida y la vuelta por esta parte.
Llegamos a la fuente del pueblo y en ese banco junto a la misma hicimos una buena merienda para recuperar las fuerzas perdidas, estando de lo más tranquilo a pesar de estar pegados a la carretera.

viernes, 30 de marzo de 2018

Los Chorrerones del Corneja



No sé en que momento me empecé a interesar por el río Corneja y el Valle que forma, sin haber pasado nunca por allí.
El caso es que investigando encontré una entrada propia en Wikipedia y al ver esta parte en el artículo

"Seguidamente transcurre por las inmediaciones de Navacepedilla de Corneja, recogiendo las aguas, por la izquierda, del arroyo del Puerto Chía. Al pasar por el enclave de La Tejera, en el límite de los términos municipales de Navacepedilla de Corneja y Villafranca de la Sierra, recibe las aguas, por la izquierda, del río de la Gargantilla (arroyo Guareña), con sus abruptas cascadas conocidas como Los Chorrerones, procedente de la ladera septentrional de la Sierra de Villafranca"


Decidí seguir investigando

No encontré mucha más información pero ante esta época de lluvias había que ir en busca de esos Chorrerones, así que con una mínima información de alguien creo que procedente de Cataluña que los había visitado nos decidimos mi hermano y yo a ir en su busca.

Era Jueves Santo, y había que elegir un sitio que no estuviera masificado, y yo estaba convencido que allí no nos íbamos a encontrar a nadie (como así resultó ser)

En coche desde Madrid se tarda unas dos horas y media, hay que dirigirse desde Ávila por la N110 dirección El Barco de Ávila y pasado el puerto de Villatoro tomar el desvío hacia Villafranca de la Sierra y Navacepedilla de Corneja. 
Estamos en las inmediaciones de La Serrota que domina el territorio desde sus 2.294 metros de altitud sobre el nivel del mar.
(Muy próximo está el municipio de Bonilla de la Sierra pero lo tuve que dejar para otro día, mi hermano ya lo conocía)


Aunque en principio la carretera no parezca atractiva más adelante se abrirá mostrando un bonito y verdadero valle, con montañas altas a ambos lados, cosa difícil de encontrar.

Pasado Villafranca de la Sierra continuamos por la carretera hasta que a mano izquierda encontramos el Molino del Tío Alberto, donde deberemos dejar aparcado el coche en la explanada que allí hay.

Así que como era una ruta más o menos corta (calculo unos 2 kilómetros de ida y otros 2 de vuelta) nos fuimos a cuerpo.

Desde donde dejamos el coche andamos 100 metros por la carretera y en la siguiente curva a la izquierda sale un camino a la derecha que es donde empieza la ruta.

Hay que seguir el camino, con fuerte pendiente durante un kilómetro más o menos, donde nos encontramos este árbol como cosa más singular.




Debido a la pendiente vamos ganando altura y unas bonitas vistas del siguiente pueblo, Navacepedilla de Corneja y del valle que forma el río coronado por La Serrota y los picos colindantes.




Además desde relativamente pronto se puede divisar a lo lejos la ubicación de los Chorrerones.




Avanzamos hasta que el camino gira en una curva cerrada con pendiente a la derecha y a mano izquierda sale otra pista que inicialmente lo hace en ligero descenso.




Desde aquí el camino tiene ligeras dificultades, solventables para cualquier aficionado a la montaña. Zonas inundadas de agua, dos o tres pasos de zarzas que cubren todo el camino y zonas invadidas por jaras, pero se pueden pasar con el único hándicap de llevarte algún arañazo en la ropa o en alguna mano.

Al acercarnos ya se puede comprobar que al menos hay tres tramos de cascada.




El camino sigue y es más o menos visible hasta que estás en paralelo a la cascada, momento en el cual hay que tirar un poco de intención y buscar las zonas más seguras para acercarse, ya que por ejemplo en nuestro caso había acumulaciones de nieve y las piedras estaban muy húmedas, así que con cuidado, pero se puede llegar a todos los puntos, al tramo algo de la cascada, al tramo medio donde se puede cruzar incluso a la otra orilla, y al tramo bajo y más espectacular de la cascada, con una caída de más de 10 metros.



Primer tramo de cascada (parte alta)




Segundo tramo de cascada (parte media)




Tercer tramo de cascada (parte baja)





Ya de vuelta, el día se había aclarado y la panorámica del Valle del Corneja y sus montañas era todavía más bonita




Nos habíamos comido casi todo el tiempo del que disponíamos, ya que a las cuatro teníamos que estar en Madrid, así que un trote cuesta abajo hasta el inicio de la ruta.


La lástima fue no tener más tiempo porque desde aquí remontamos el valle primero hasta Navacepedilla de Corneja, lo que es el curso medio del río y hasta la pedanía de Garganta de los Hornos, pero no pudimos casi ni investigar el terreno por falta de tiempo.

Pero más sorprendente fue cuando seguimos ascendiendo dirección hacia el puerto de Chía, como una bonita cascada nos acompañaba paralela a la carretera, y más arriba todo ese agua seguía discurriendo con menos pendiente en un bonito paseo fluvial que era muy fácil de recorrer, así que otro día habrá que intentarlo con un menú que incluya la ascensión a algún pico colindante.





Coronamos el puerto y descendimos muy ligeramente hasta la increíble altiplanicie donde se asienta San Martín de la Vega del Alberche, a unos 1500 metros de altitud, en una zona que mirando en el mapa parecería inhóspita pero que era bastante agradable.
Recorrimos el resto de ese valle, bordeando la Serrota que estaba dominante con un blanco inmaculado en su cima.




Hasta llegar a la nacional que une Ávila con Arenas de San Pedro y Talavera, donde unos kilómetros más adelante paramos en el Puerto de Menga a comer, con sus míticas dos fuentes, una a cada lado de la carretera que nuestro abuelo nos descubrió hace más de 30 años.

Desde aquí, pasando al lado de otras zonas que tengo ganas de visitar como el castillo de Aunqueospese y el Castro Celta de Ulaca, ambos a los pies del pico Zapatero tuvimos que poner rumbo a Madrid y dar por concluida otra apasionante ruta.




viernes, 9 de marzo de 2018

Cascadas Valle del Jerte



Aprovechando el segundo día libre, entre semana, y la época de lluvias me lancé a conocer una zona, que sin estar muy lejos aparentemente de Madrid (al final se tarda mucho en llegar) no conocía.

Sé que no estoy descubriendo nada y que ya hay bastantes entradas en internet sobre estas rutas, a los cuales doy las gracias por darlas a conocer, pero cuanto más se difunda más podrá enterarse la gente de lo que para mí es una maravilla de la naturaleza.

El destino era el valle del Jerte, y el plato fuerte el barranco de Nogaledas, pero para abrir boca haríamos otro par de paradas previas.

Saliendo de Madrid por la carretera de Plasencia (la de los pantanos) que está al lado de mi casa fuimos acompañados de un tiempo lluvioso, transitando todo el valle del Tiétar, que estaba más verde que nunca, hasta llegar a Candeleda, uno de los pocos reductos de la provincia de Ávila que no conozco, donde hicimos una rápida parada para tomar un café y echar gasolina.

Enseguida entramos en la provincia de Cáceres por la comarca de la Vera, a la que otro día espero dedicar una ruta para visitar sus pueblos. Mientras, sólo pude observarlos mientras conducía, a los pies de la cara sur de Gredos, no pensaba que estuvieran tan pegando a la montaña, con numerosas gargantas bajando de las montañas, con pueblos muy cuidados, como los jardines de Losar, el castillo de Jarandilla de la Vera, o el monasterio de Yuste, en la localidad de Cuacos de Yuste, donde nos desviamos dirección Garganta de la Olla.

Aquí tenía pinta de haber una garganta bajando de la montaña con un buen torrente de agua y se divisaba una cascada a lo lejos, no sé exactamente a que distancia, pero como no estaba en el plan y la mañana iba avanzando se quedó en el tintero para otro día.

En Garganta de la Olla tomamos la carretera que a través del puerto del Piornal nos iba a permitir acceder al otro valle, el del Jerte.
Por una carretera mala por momentos, y con algún susto del coche, fuimos recorriendo un bonito paraje, sin dejar de caer agua continuamente por la falda de la montaña y con nieve ya en la parte alta, sin toparnos prácticamente con nadie en toda la carretera.





Ya en el descenso teníamos nuestras primeras paradas. Con el día más claro y agradable desde que entramos en Cáceres, pasamos por el pueblo de Piornal, el de mayor altitud de toda la provincia y tras descender unos kilómetros, en una curva cerrada a la izquierda sale un camino a la derecha con un cartel pequeño, hay que ir muy despacito para verlo, que pone Cascada del Calderón. Dejamos el coche unos 100 metros más alante en un pequeño saliente de la carretera y nos fuimos a por ella. Había que recorrer apenas un kilómetro.

Esta cascada la había descubierto la noche anterior a última hora buceando por internet y no parecía tener mucho desnivel ni ser muy espectacular ... pero cuando llegamos allí, era todo lo contrario, un torrente de agua extremo y una buena pendiente que formaban un salto de agua espectacular.





El siguiente salto de agua lo formaba la misma garganta un poco más abajo, en la llamada cascada del Caozo. Bajando con el coche, en la siguiente curva cerrada a la izquierda sale una carretera asfaltada a mano derecha sin indicar, pero que es la única que veremos antes de llegar a la población de Valdastillas, así que no tiene perdida.
Quizás un día de diario sea complicado porque hay muy pocas plazas de aparcamiento, pero al ser día de diario sólo nos topamos con un matrimonio que se iban en ese momento, así que quedó la cascada para nosotros solos.

Más vertical la caída de agua que en la anterior, y por tanto con más violencia, aunque me gustaba más donde estaba enclavada la primera.
Con una pasarela para situarte al lado de la cascada, que a algunos les puede disgustar y a otros no, pero el caso es que con la cantidad y violencia del agua, todo alrededor estaba empapado y las rocas resbaladizas, y quizás en este caso si que nos vino bien para podernos acercar tanto a la cascada.




La verdad, que difícilmente se podrá disfrutar estas dos cascadas con tanto agua como lo hicimos nosotros, hemos sido unos privilegiados.

Al coche y hacia el cercano pueblo de Navaconcejo, donde estaba el plato fuerte del día que mi hermano no se esperaba fuera tan contundente. En el sentido que llevábamos, hay que atravesar el pueblo de Navaconcejo dirección Jerte, y casi al final del mismo hay que cruzar un puente encima del río y ya se empiezan a ver los carteles indicativos de la ruta.

Seguimos las flechas de parking que nos dejan al lado del río Jerte, que baja con un caudal de agua espectacular, parecía un río de los Alpes franceses.
Momento que, al filo de las tres de la tarde, aprovechamos para comer un buen bocata para coger energías de cara a la ruta.




En ese momento volvió a llover y tras comernos el bocata pasado por agua nos entraron dudas de si empezar la ruta o esperar un poco a que remitiera.
Decidimos seguir adelante, bordeando el río hasta el punto en que se le incorpora el agua procedente del barranco de las Nogaledas, donde comienza la ruta, la cual discurre por el lado derecho de la garganta según ascendemos.

La ruta en si, es difícil de detallarla mucho ya que es una sucesión de cascadas, unas más grandes y otras menores pero relativamente parecidas, durante unos dos kilómetros en los que ganamos una altura considerable.
La primera de las grandes, 5 diría yo, nos la encontramos enseguida, y desde entonces con un sendero perfectamente acondicionado para todo el mundo, con barandillas de madera durante muchos tramos y con muchos escalones de piedra para facilitarlo, podéis ir haciendo todas las paradas que os plazcan porque merece la pena.
















Según se asciende se van viendo en la ladera un montón de bancales con cerezos, pero si se mira a la otra ladera del valle a lo lejos es más soprendente la altura que alcanzan esas plantaciones. No me quiero imaginar lo bonito que tiene que ser realizar esta ruta con el mismo agua que traía y además con los árboles florecidos.






Pasada la mitad de la ruta llegamos a una carretera con un plano detallado de lo que queda y una ruta alternativa de bajada por el otro lado.

Además del impresionante torrente de agua, los numerosos saltos o cascadas, también hay que destacar la cantidad de musgo reinante y la vegetación que en algunos momentos forman algún bonito paisaje adicional.










La última de las cascadas yo creo que resultó ser la más espectacular, por la violencia con la que caía allí el agua, ya que parecía la más vertical.
En ella han instalado una plataforma para cruzar y para contemplar también la pasarela de frente.
Difícil tomar fotos sin que se empape el objetivo de la cámara con la violencia del agua y las gotas que salpicaban un montón de metros a la redonda.






Desde allí todavía se podía ascender un poco más para contemplar la parte alta de esta última cascada, punto en el cual ya desaparece la ruta, y se queda uno con las ganas de saber que hay todavía más arriba.




En esos momentos estaba cayendo la niebla de manera amenazante, aunque habíamos podido disfrutar de toda la ruta sin ningún problema, ya que dejó de llover al poco de empezar.
Decidimos volver por el otro lado de la garganta, por un camino que no va pegado a la misma.

Al poco de empezar ese descenso, salió un poco el sol y varios arco iris pusieron la guinda a la espectacular jornada que habíamos vivido, otra estampa digna de contemplar de la que fuimos privilegiados.






Hicimos ya el descenso tranquilamente entre bancales de cerezos, también con algunos limoneros y naranjos que estaban hasta arriba de frutas.
Poco a poco íbamos descendiendo, en todo momento con bonitas vistas del pueblo y del valle desde la altura.
En un momento la ruta se acerca un poco a la garganta y se pueden observar simultáneamente varios tramos y varios saltos de agua de la garganta.








Y la ruta llegó a su fin.

Fuimos a tomar algo a un bar para dejar algo en el pueblo por disfrutar de semejante maravilla, aunque no parecía tener mucha oferta en cuanto a bares o sitios para comer.
Y vuelta a Madrid remontando el valle del Jerte, atravesando las últimas estribaciones de la sierra de Gredos por el puerto de Tornavacas, cruzando El Barco de Ávila, Piedrahíta, zona por la que espero ir pronto, Ávila ciudad y hasta Madrid.